Día de la visibilidad lésbica: los conflictos de ser lesbianas públicas

Como toda fecha conmemorativa, ésta interpela a reflexionar sobre el lugar que las lesbianas y sus luchas políticas han ocupado en la esfera pública. ¿Para qué nos sirve la visibilidad en el contexto actual? ¿Qué dilemas nos plantea?

26 de abril de 2021
Sílvia Soler Casellas
Georgina G. Álvarez

El 26 de abril es el día internacional de la visibilidad lésbica. La fecha nació en España en 2008 y se extendió a varios países de América Latina. Como toda fecha conmemorativa, ésta interpela a reflexionar sobre el lugar que las lesbianas y sus luchas políticas han ocupado en la esfera pública. ¿Para qué nos sirve la visibilidad en el contexto actual? ¿Qué dilemas nos plantea?

Infancias lesbianas

Lencha, manflora, maseca, tortilla, camiona, hombrecito, machorra, marimacha, a veces las palabras son más visibles que aquello que pretenden nombrar. Jugar al fútbol, ir en bicicleta, luchar con espadas imaginarias contra monstruos no menos imaginarios, esto era ser una marimacha, una machorra, algo que no sabías bien qué castigaba de ti pero te hacía sentir vergüenza, incomodidad, que algo estaba mal o que algo no estabas haciendo bien.

No encajar en los modelos normativos de feminidad, vivir la infancia en resistencia al binarismo de género, desatar pánicos morales a tu alrededor, el repudio. ¡Machorra! La fuerza del insulto que tan bien conocemos las lesbianas.

Palabras que no sabías bien qué nombraban, palabras que hacían cosas. Pensar en las infancias de las lesbianas es evocar una multiplicidad de biografías afectivas usualmente atravesadas por la corrección de género binaria o por la heterosexualización del deseo.

Biografías que pueden ser pensadas como archivos, como el proyecto colaborativo Chonguitas: masculinidades de niñas, coordinado por fabi tron y valeria flores y que reúne 44 narraciones acompañadas de fotografías de las infancias de lesbianas, en su mayoría, pero también de mujeres diversas, heterosexuales, cuirs. Una convocatoria que se originó en Argentina pero que extendieron a toda América Latina, también a México. Como ellas señalan en el prólogo

Deseamos que este libro -como referencia cultural- estimule la imaginación y la sobrevivencia de todas aquellas niñas que no encajan en los modelos normativos de la feminidad.

Estos relatos sobre infancias lésbicas revelan la importancia de la visibilidad en la construcción de referentes de vidas posibles para las infancias. Estamos en un momento en el que la visibilidad lésbica está presente en ciertos ámbitos culturales, en la representación política –aunque mínima– o en los negocios, pero esto no necesariamente ha conllevado la reducción de los índices de violencia y discriminación o la visibilización de agendas de justicia de género o sexual.

El 2019 ha sido el año más violento en materia de crímenes a lesbianas en México según reporta Letra S y 12 estados todavía no reconocen el derecho al matrimonio igualitario en México.

Legados lesbofeministas

Seguir pensando y problematizando la visibilidad en las luchas lesbofeministas es reconocer dos legados: las luchas por la ampliación de derechos para las poblaciones lgbti+, y la reivindicación de las relaciones lésbicas como resistencia frente al régimen heterosexual.

Julia Antivilo, en diálogo con Presentes, relata su experiencia como curadora feminista en la recuperación de la memoria de estas controversias lesbofeministas. Como historiadora feminista, lesbiana y performancera, Julia, reconoce la importancia que tiene todavía la visibilidad: “a pesar de la cooptación del movimiento lgbti+ por el capital rosa hay contextos en los que ser lesbiana sigue siendo objeto de muchas violencias y llegar a esos lugares es por lo que todavía seguimos luchando”. Como apuesta política a presente señala que “las generaciones lesbianas de hoy tenemos una deuda  con nuestras antecesoras feministas en la lucha”.

Julia se ha sumergido, para algunos de sus proyectos, en el Archivo Histórico del Movimiento de Lesbianas Feministas en México, con más de 30 tomos y 9 mil documentos que abarcan desde 1976 hasta el 2020 de la artista lesbiana mexicana Yan María Yaoyólotl Castro. Un archivo que recoge las memorias de las luchas lésbicas feministas: carteles, manifiestos, convocatorias, textos, pasquines o las capuchas que las primeras lesbianas públicas utilizaban en las marchas para evitar las represalias sociales que esa presencia pública pudiera implicar en sus vidas.

El activismo de grupos de lesbianas de los 80’s como Ácratas, Oikabeth o Lesbos surgieron al calor de la lucha feminista y en abierta interpelación a la izquierda mexicana con consignas como “Socialismo sin sexismo”.

Desde esas primeras luchas hasta nuestros días, las lesbianas hemos caminado bajo los paraguas de los feminismos y del movimiento homosexual, disputando la arena política desde estrategias que pasaban por la lucha institucional o la lucha autónoma.

Los acalorados debates políticos y antagonismos acapararon encuentros, jornadas, fanzines, artículos y marchas. Y es que las posiciones políticas de las lesbianas interpelaban e incomodaban a un movimiento lgbti+ en el que los gays eran el sujeto más visible de las luchas, y al movimiento feminista conformado mayoritariamente por mujeres heterosexuales y sus demandas.

Narrativas lésbicas

También la literatura lésbica ha tenido una menor representación en el mundo cultural y político de las disidencias sexuales desde que en 1978 Luis Zapata publicara El vampiro de la colonia Roma. Será hasta casi una década después que aparecerá la primera novela lésbico feminista a manos de Rosa María Roffiel, Amora, en 1989.

Cuenta Artemisa Téllez, una de las pioneras del género en México, después de Sara Levi y su novela Dos mujeres (1990) y Gilda Salinas con Las sombras del Safari (1998), que ni sabía que su libro Un encuentro y otros (2005) era de los pioneros de la narrativa lésbica, y con ello destaca la importancia de la visibilidad:

“La literatura lésbica aporta a la visibilidad. La visibilidad aporta al autoconocimiento, a la representación y a la autoaceptación, porque, a decir verdad, sólo las lesbianas (y una que otra jota intelectual) leemos literatura lésbica (y una minoría, porque las lesbianas, como el resto de las personas, cada vez leen menos). Sobre todo, la literatura lésbica aporta a la literatura nacional y también a la universal, a romper, cuestionar, transgredir y trastocar el canon masculinista, heterosexista y europeo mediante la exposición y problematización de nuestras diferencias.”

LOS CONFLICTOS DE LA VISIBILIDAD

Tanto en el activismo, como en la literatura o en el campo del arte y el performance, la pregunta sobre el por qué de la invisibilidad de las lesbianas sigue siendo importante. Porque a pesar de los legados que conforman las culturas públicas lesbianas, estas siguen sin tener la relevancia social, cultural y política que toda su presencia y producción pone en circulación pública.

Y es que la visibilidad también entraña sus contradicciones, y son, por un lado, que la lucha desde la institucionalidad, que pugna por la ampliación de derechos para la población lgbti+, se acomode en un horizonte político en el que la ciudadanía sexual sea la meta de las luchas de las lesbianas feministas.

Y, por otro lado, que la radicalidad lésbica se construya desde un esencialismo identitario que renuncie a las alianzas políticas con la diversidad de feminismos. Tanto la homonormatividad, como los discursos de odio que desde la radicalidad se revisten de deshumanización de nuestras interlocutoras, son las trampas que la visibilidad entraña para las culturas públicas que como lesbianas generamos.


[1] https://proyectoletraese.org/sitio2/wp-content/uploads/2021/02/Muertes-violentas-por-orientacion-sexual-informe-2019.pdf

[2] https://m68.mx/coleccion/36616

26 de abril de 2021
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