Internos del penal Baradero traducen al braille el libro de la patinadora trans Alexa

En el marco de talleres de braille y de géneros, la historia de Alexa Petonne llegó al penal de Baradero.

Por Rosario Marina

Soy Alexa ya empezó siendo un libro diferente: es la historia de una chica trans escrita por estudiantes de una escuela secundaria. El público objetivo: niñes. Ahora sigue su camino buscando hacerse accesible para más personas. Los internos de la Unidad Penal 11 de Baradero lo están pasando al braille en el contexto de dos talleres: el de braille y otro llamado «Deconstruyendo masculinidades». 

Verónica Girandola, técnica en minoridad y familia, y su compañera Victoria Salvo, licenciada en trabajo social, son quienes empezaron con la idea. Muy rápido se sumó Editorial Chirimbote y también la patinadora trans Alexa Pettone, protagonista del libro. 

“En el 2019 empezamos a elaborar proyectos para mostrar lo que hacen los internos del taller de braille de la Unidad Penal 11, y para sacar afuera el laburo recontra valioso que es hacer cosas en sistema braille. Convocamos a instituciones que tengan para donde ser destinados los materiales, se acercaron escuelas especiales y se llevaron cosas que los chicos habían hecho como mapas, el sistema digestivo, el sistema respiratorio, etc”, cuenta Verónica a Presentes sobre el inicio de esta historia que une tres mundos que ya no parecen tan lejanos.

Pero no era sólo el taller de braille lo que llevaría a este libro al penal y luego a ser cada vez más accesible. Ese mismo año las dos profesionales, que llevan más de 15 años trabajando en cárceles, empezaron con un taller de violencia de género. Hoy siguen con uno bien puntual que es opcional y está enfocado a varones que tienen causas sobre distintas violencias. 

No todos los del taller de braille están en el taller “Deconstruyendo masculinidades”, pero todos trabajan en Soy Alexa, la historia de una chica trans patinadora, la historia de Alexa Pettone, a quien conocieron primero por Zoom en el medio de la pandemia, y luego en enero lograron que fuera en persona. 

“Fue una experiencia hermosa empezar a dialogar y debatir con esas 6 personas”, dice Alexa a Presentes. Antes de conocerla, los internos leyeron su historia y se dedicaron a contarla otra vez para quienes no pueden ver y el braille es su forma de acercarse a la lectura.

“Hay mucha empatía” 

Verónica Girandola también estuvo presente ese día: “Fue una charla hermosa cuando Alexa pudo ir a la unidad. Hay mucha empatía. A ellos, los internos, les costó mucho el reconocimiento de lo que hacen, salen y se enfrentan con una sociedad que los excluye. Poner en común la aceptación del otro, la mirada del otro. Alexa siempre dice: yo también estuve en un momento de encierro en el que me costó a mí reconocerme y que la sociedad me reconozca, que nos reconozca como personas. Es un poco este lugar que se pone ella, con identificación con ellos que están ahora en contexto de encierro. Demostrarle a la sociedad que pueden hacer las cosas bien·. 

La idea, cuenta Verónica,  es poder hacer más ediciones de este libro. El proyecto está destinado para 10 ejemplares que van a ser donados para distintas instituciones de San Pedro o Baradero, en la provincia de Buenos Aires. 

Libros de género en las cárceles 

Cuando Verónica le pidió a Editorial Chirimbote autorización para trabajar el texto, no sólo les encantó la idea, sino que donaron libros que llegaron al poco tiempo a la biblioteca de la unidad. Pero la historia no termina acá. El próximo libro que pasarán a braille será Fran y la carta de su papá, para tratar la deconstrucción de masculinidades y una paternidad responsable y amorosa, como se explica en la contratapa del libro. 

Así como el libro sobre su vida sigue nuevos caminos, Alexa también está en otras búsquedas. Después de que desde la editorial le pidieran escribir algo para el libro creado por estudiantes secundarios de San Pedro, empezó a explorar la escritura. “Todas las personas vamos transicionando todo el tiempo. Públicamente soy conocida por ser una deportista trans. A través de esa visibilidad voy a seguir aportando a la inclusión real del deporte, pero la parte de los patines la voy a ir dejando de a poco, tengo 34 años”, reconoce. 

“Hoy es un punto clave donde nos vamos reacomodando. Sueño con ser actriz. Estoy haciendo el ejercicio de la escritura. Descubrí algo que me gustaba muchísimo. Tengo muchas cosas escritas y sueño con hacer un libro propio. En algunos meses espero que pueda salir”, cuenta Alexa.  

Para ella, esto que pasó con Soy Alexa es una doble inclusión: el braille y la identidad de género. “Unir esas luchas en un libro infantil me parece fabuloso”, concluye.

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