La lucha por el aborto legal fue también la lucha de la comunicación transfeminista

Hoy no hay lugar en el territorio nacional, en donde no exista unx periodistx transfeminista dispuestx a visibilizar alguna vulneración de derechos.

30 de diciembre de 2020

Por Carolina Balderrama

Fotos: Ariel Gutraich

Abortamos las mujeres, las lesbianas, las trans masculinidades, identidades no binarias, intersex, personas gestantes. Hemos desobedecido a las gramáticas binarias y con esto logramos componer otro corpus simbólico y lingüístico. Porque lo que no se nombra no existe, ya lo sabemos. Y la comunicación transfeminista se expresa porque existimos y somos esta lucha. 

¿Qué hace que la lucha por la legalización del aborto se haya transformado en un gran paraguas que alberga a las generaciones de las pioneras las de ochenta y más? Las que estamos en los cuarenta largos convivimos con hijxs y sobrinxs adolescentes para quienes este derecho es ya una realidad.

Lejos quedaron esos años en donde los silencios y los secretos, o una conversación en voz baja delineaba algún estigma o mote a cerca de una compañera de la escuela, una vecina, alguna parienta cercana o lejana. Porque cuando se proviene de otra provincia que no sea “la capital” -como quien escribe estas líneas- el “qué dirán” es lo que traza una línea de domesticación y extrañeza, que tan solo lleva al disciplinamiento. No sólo de los cuerpos sino a la aceptación mansa de un destino inapelable: la maternidad.

La militancia lésbica y los medios públicos

Conocer, casi una década atrás, a la organización Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto, y por ende con la Línea Aborto: Más información, Menos riesgos; y acceder al libro “Todo lo que querés saber sobre como hacerse un aborto con pastillas“, sin dudas marcó un antes y un después en mi militancia feminista acerca de la lucha por el acceso al aborto legal.

Durante el año 2012 se llevó adelante el Congreso “Acceso Igualitario al Aborto Seguro“. Fueron dos jornadas de debate y me tocó participar, junto a Luciana Peker, Amanda Alma, Lucía García Itzigsohn y Agustina Díaz de una mesa llamada “Cómo el misoprostol cambió el escenario político: la fuerza de nuevos discursos sobre aborto en los medios de comunicación”. Éramos trabajadoras de prensa del sistema de medios públicos y de publicaciones que apostaban a comunicar estos derechos cuando no era tan amable como ahora hacerlo. Destaco esto ya que la visibilidad de la diversidad sexual en esta lucha es algo que no siempre ha estado presente y aún hoy sigue en tensión. 

Cubrir los talleres sobre aborto hace 10 años, en los Encuentros de mujeres, lesbianas, travestis, trans, no binaries, intersex, hoy Plurinacionales, para la agencia de noticias en la que trabajé implicaba una permanente arquitectura de estrategias. Tramitar los testimonios, las imágenes de apoyo, sostener el tema en agenda, articular con otrxs colegas para que no caiga la nota. 

Torcer esas barreras requirió de inteligencia y –sobre todo– de la construcción de redes. Porque si algo hay que poner en valor es ese gran rizoma comunicacional que hemos armado entre tantxs para hacer saltar el tablero ahí donde se necesite. 

Hoy no hay lugar en el territorio nacional -y esto se extiende a la región y a otras latitudes- en donde no exista unx periodista transfeminista dispuestx a visibilizar alguna vulneración de derechos. Estamos acompañadxs, ya no es algo que nos pasa a nosotrxs por ser nosotrxs. Nos pasa a una comunidad toda que supo en paciencia, pero con convicción irredenta, resistir y asir, combatir y crear narrativas para este tiempo nuevo.

Aprendimos de las tensiones

Hemos construido un paisaje de lucha que es hablado por una lengua que aloja a las mujeres que abortan y las que acompañan a las lesbianas que abortan, crean dispositivos para compartir información y quitar miedos y prejuicios, a las compañeras travestis, a las trans masculinidades, a identidades no binarias, a personas intersex, todxs en un corpus que se hace presente con experiencias particulares que son (somos) en comunidad. 

Aprendimos de las tensiones. Y sabemos que el grito se oye más y se transforma en potencia cuanto más abrimos horizontes en este presente, detonamos y duelamos el origen, y vamos armando otras familias de afectos que tal vez comenzaron con una presencia en esa soledad que viene con romper y pegar un volantazo, cuando ejercemos la autonomía sobre nuestros cuerpos y deseos. Ampliar la mirada y entender que se trataba de un tema de salud pública, de acceso a derechos pero también de autonomía y libertad sobre los cuerpos, las cuerpas, les cuerpes gestantes. 

A partir de la experiencia de 2018, luchar por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito se ha transformado en una conversación transversal entre abuelas, madres, tías, hijxs, nietxs. El común denominador de una gramática afectiva compleja que por primera vez propone un lugar de encuentro y cruce entre la propia experiencia, la salud pública y la justicia social. 

Mientras escribo estas líneas estoy acompañando un aborto. Escucho y mando mensajes, tranquilizo, comparto y busco información, y pienso en todo lo que pasó en estos últimos 31 años desde esa escena y claro que en perspectiva histórica de los encuentros, los cruces con otras que nos abren puertas y suman a las luchas. Esas que se trasladan a los trabajos, y para quienes estamos en las aguas de la comunicación y el derecho a la información, ocupar lugares tenía un plus de sumar a las agendas estas demandas. Lejos de quedar en las periferias, las hicimos ser el centro mismo de las sinergias transfeministas. Nos llevó tiempo. Nos llevará tiempo implementar la efectividad de la aplicación de los derechos, pero lo que construimos ya tiene un piso indeclinable.

En este año que termina, pandemia mediante, pérdidas de afectos cercanos, despedidas truncas, construyendo otros mundos, a este derecho no lo agradecemos. Lo exigimos y lo entrañamos porque es nuestro.

30 de diciembre de 2020

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