VIH: Los Estados nos deben la cura, los derechos y la calidad de vida

Covid 19, Argentina 2020, 140 mil personas viviendo con VIH en el país, según ONUsida, 38 millones en el mundo. Y yo, ¿quién soy en medio de tanta cifra y tanto número?

Por Lucas Gutiérrez

Foto: Pablo Gómez Samela

Covid 19, Argentina 2020, 140 mil personas viviendo con VIH en el país, según ONUsida, 38 millones en el mundo. Y yo, ¿quién soy en medio de tanta cifra y tanto número?

Este 29 de diciembre mi diagnóstico VIH cumple 12 años. Voy 144 meses de vivir con un virus. Perdí la cuenta la cantidad de posteos hablando del tema, fotos, performances, notas, entrevistas, mesa debate, zooms, vivos y más, hablando de esto. Pero, ¿qué es ese “esto”? ¿Es el virus o soy yo el virus? Si el VIH vive en mi ADN físico cabe preguntarme qué pasa con mi identidad sociopolítica, personal y viral. Vital.

“El bicho”, esa forma peyorativa de llamarlo de la que me apropié para convertir la injuria en identidad, a veces me gusta imaginarlo como una narración de ficción. Porque es mi vida y la cuento como quiero. Entonces me gusta pensarme Xmen bichoso y sudaca. Con un virus mutante en mi ADN que me da el superpoder de sobrevivir y enfrentar a Estados que hasta han llegado a quitarnos el Ministerio de Salud. Desarollo mi visión felina para ver más allá de lo evidente y entender cómo me ve la gente, a mí, no al virus. Corro a la velocidad del pensamiento y autoboicot y al final del día, a veces, lo venzo y me puedo comprender por encima de mi diagnóstico. 

VIH y covid

Y en esta temporada de mi serie biográfica basada en caos reales apareció un nuevo panorama, el guionista divino que de dios no tiene nada puso en escena al Covid 19. Y en los primeros episodios los medios gustaban comparar VIH y covid. Cuando apareció la pandemia de VIH y sida a nadie le importó, por años. No son lo mismo, nuestras muertes tardaron mucho en tener una respuesta. Y es una respuesta a medias, porque los Estados aún nos deben mucho. Nos deben la cura. Nos deben los derechos y la calidad de vida que merecemos hasta que llegue esa cura.

Recientemente la directora ejecutiva de ONUsida, Winnie Bianyima, dijo que el efecto de la pandemia de covid 19 a largo plazo podría provocar entre 123 y 293 mil nuevas infecciones de VIH y entre 69 148 mil muertes relacionadas con sida entre 2020 y 2022. Esto lo atribuye a que por la situación covid se ha restringido el acceso a la salud de muchas personas.

Este 2020 con aislamientos y medidas preventivas que han prevenido tantos contagios de covid también trajeron problemas en hacerse testeos, la provisión de medicación antirretroviral para empezar o continuar sus tratamientos, la posibilidad de realizarse seguimientos médicos y más. Ni hablar de las consecuencias en lo laboral, social y sobre nuestros ánimos. 

“La COVID-19 está amenazando el progreso que el mundo ha logrado en materia de salud y desarrollo en los últimos 20 años, incluidos todos los pasos dados en la lucha contra el VIH”, dijo Byanyima, desde su carta en la web de ONUsida dónde también se encuentra el informe anual con los datos y proyecciones de la situación VIH actual.

Y todo esto no tiene fecha fija de episodio final. Mientras las vulneraciones se acrecientan y quienes peor la pasaban pre pandemia le pasan peor. Y el mundo intenta aprender nuevamente a vivir con un virus. Otro más.

Indetectable=Intransmisible es nuestro piso, no nuestro techo

Desde hace algunos años el activismo VIH se encarga de difundir y de reclamar la visibilidad de la información que si una persona VIH+ alcanza y sostiene la indetectabilidad por más de seis meses no transmite el virus en una relación sexual. Eso cambia y mejora nuestra salud y nuestros vínculos, es una información urgente para difundir. Es una información que todes merecemos saber. Porque merecemos nuestra salud, nuestros vínculos, nuestra tranquilidad. Merecemos todo, y más.

Pero no todas las personas VIH+ pueden alcanzar la indetectabilidad. A veces cumplir la adherencia con los tratamientos antirretrovirales es difícil. No siempre se puede tomar esa pastilla. A veces porque no podemos y otras porque o no la tenemos o no tenemos ni el trabajo, la comida o la casa donde tomarla. 

“Aún hoy, más de 12 millones de personas todavía no tienen acceso al tratamiento para el VIH”, expresó Byanyima, directora ejecutiva de ONUsida. Estas, sumadas a las personas positivas no diagnosticadas, viven por fuera de indetectable=intransmisible. Ser VIH indetectable no es un privilegio, es un derecho básico de toda la humanidad. Y quien por algún motivo no pueda alcanzarlo no merece ningún tipo de estigma. I=I es una información para llevar una mejor vida, no para crear personas positivas de primera y de segunda.

Así que de nuevo soy el meme de la matemáticas y en mi cara sobrevuelan los números sacados de un informe médico que hace más de un pandémico año no me puedo realizar. Si estoy por debajo de tanta cantidad de copias de VIH para ser indetectable, si mis defensas están por arriba del número medio, todos mis números para ser yo, uno.

Detrás las cifras

Todos los días miro las cifras de los nuevos contagios y muertes por Covid. Miro las métricas del VIH y el sida. Armo las curvas, rectas y caminos que me lleven a las conclusiones que se van al carajo cuando una sola persona cercana mía pasa a ser parte de esa millonada. Respeto y necesito de los números para entender el contexto y crear una realidad a escala, pero después una persona que amo muere, una persona que abrazo obtiene un positivo, una persona que conozco pasa de cifra a cara y todo se resignifica.

Entonces yo. Yo humano. Yo perfil de red social, yo número de defensas, copias de virus y cantidad de seguidores en Instagram, ¿quién soy en toda esta ecuación? Despejo la X de mi propio héroe mutante, sumo a mi vida el signo + que apareció en mis estudios hace doce años, despejo e intento despejarme para finalmente ser uno. Uno no como la canción de U2, sino más bien como el tango ese de buscar lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias. Uno más. 

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