Grey, la mujer trans cuya foto se hizo viral, buscó asilo para escapar de la violencia en Honduras

Un periodista asesinado, llamadas sospechosas y supuestos policías preguntando por su paradero impulsaron a Grey Anahí Ríos a huir de Comayagua después de que su ataque se hiciera viral.

Dunia Orellana, desde Tegucigalpa, Honduras

Fotos: D.O y Erick Montalvan

Grey Anahí Ríos, la mujer trans cuya foto se hizo viral después de ser atacada con un machete, se quedó con las ganas de obtener justicia en Honduras. Tras ser agredida el 6 de septiembre de 2020 en San José de Comayagua, zona central de Honduras, buscar asilo en otro país porque su vida está en peligro. Más aún luego de reportarse el asesinato del periodista hondureño que fue quien la entrevistó por primera vez. Luis Almendares vivía en la misma localidad que Grey, tenía 35 años y fue asesinado a tiros en la calle por hombres que se desplazaban en moto. 

“Mi historia es muy grande”, dice Grey, de 34 años de edad, en entrevista para Presentes. Ya está refugiada en un lugar lejos de los parajes del centro del territorio hondureño donde nació su pesadilla desde el momento en que entró en la cantina de la madre de su agresor, J.T. “Ese día yo iba a trabajar en dos casas y pasé por donde la mamá de él. Él estaba tomando y ya me había amenazado”, narra Grey. “Yo no esperaba lo que me iba a suceder, lo tomé en broma”. 

Aquella tarde entró en la cantina a las 4:30 y se sentó frente a su atacante y su madre, quienes estaban oyendo música en la rocola del negocio. “Él me dijo ‘hoy sí te voy a matar’, agarró el machete y hace así”, cuenta Grey, imitando el gesto de J.T. al dejar caer el arma sobre ella.

“Si yo no pongo la mano, bien me agarra la cabeza y me hubiera desfigurado el rostro”. Dios me libró de eso. La herida le sangraba como una “fuente”, cuenta. En ese momento fue a sentarse en la banca donde le tomaron la foto que se ha hecho viral. La pandemia del coronavirus le impidió encontrar transporte, por lo que dice que se fue a su casa a las 5:00, apretándose la mano herida. Con la mano sana, como pudo, se cambió la ropa ensangrentada y se durmió.

 

Despertó cuatro horas después, “bañadita de sangre”, recuerda. Se fue como pudo a casa de una amiga suya, quien al ver que Grey ya no contestaba sus preguntas, pidió ayuda para llevarla a la clínica, donde le pusieron suero y le suturaron la herida. “Faltaban minutos para que se muriera”, dijo la doctora que la atendió. 

Esperando Justicia

Grey dice que la justicia hondureña “se hizo la loca” con ella. Ella puso la denuncia el 8 de septiembre, dos días después de la agresión, y el juez le pidió testigos. Al no encontrar respuesta en el juzgado, Grey cuenta que se encaminó a la Dirección Policial de Investigaciones, donde considera que no hicieron gran cosa para ayudarle.

“Sentí que las autoridades no estaban cumpliendo con su deber. Yo buscaba apoyo y nadie me quería dar ayuda. Como que no había autoridades en San José. Allí andaba viendo quién me ayudaba para poner la denuncia”, agrega. 

Sin embargo, el juez de paz, Fredy Valle, presentó en las redes sociales un escrito del día 9 de septiembre donde señala que la denuncia de Grey sí fue atendida. 

Grey en su casa, en Comayagua.

La discriminación en el caso de las mujeres trans hondureñas no empieza en el ámbito de la justicia. Los problemas de Grey comenzaron en casa, cuando empezó su transición, siendo una niña. Su padre le decía: “Voy a comprarte carritos para que juegues porque vos sos niño”. “Yo soy niña”, cuenta Grey que era su respuesta, y pedía una muñeca. 

“Me escondía de papi y corría a quitarme la ropa de mis hermanas y esconderla para que no me fuera a ver así. Yo jugaba más con niñas que con niños. Así me crié hasta que a los 16 años ya empecé a andar con novio”.

Como sucede en muchos casos de mujeres trans, la discriminación y exclusión que sufrió Grey se amplió del hogar a la comunidad y llegó hasta la agresión física. Si una mujer trans hondureña pasa por el rechazo constante en el ámbito urbano, en zonas rurales como San José de Comayagua, donde ella vivía, la violencia puede agravarse aún más. 

La historia de Grey en Honduras puede sonar excepcional, al haber pasado toda su vida en una zona rural, en un país donde seis de cada diez personas viven en áreas urbanas, según el Banco Mundial. “Cuando yo era chica no había tanta gente mala”, dice, recordando cómo la veían sus vecinos en el campo durante sus primeros años de vida.

El ataque contra Grey es uno entre muchos en Honduras. En 2020, el Observatorio de Muertes Violentas de LGTBI de Cattrachas registra 16 muertes violentas de personas de la diversidad sexual. Siete de ellas sopersonas trans. 

Desde que la foto de Grey desangrándose se compartió en redes sociales, muchas personas comenzaron a hacer una campaña de GoFundMe para ayudarla. Su historia se viralizó luego de que el ilustrador y activista LGBTI Óscar Ramírez, conmovido por la fotografía, hiciera un dibujo en el que aparece Grey herida. También se le unió la artista visual Karla Funes y organizaciones como Safe Space, AFET, Honduras Diversa, Iguales y The Color Project.

Escapando de la muerte

Bueno fuera, como dicen en Honduras, que en el caso del ataque contra Grey el único problema fuera el vacío de justicia. Lo peor de todo es que ahora hay gente detrás de ella queriendo matarla. 

¿Cómo lo sabe? Porque hace unos pocos días asesinaron a Luis Almendares, el periodista que compartió la historia de Grey. Y porque supuestos policías han andado buscándola en Comayagua con intenciones que parecen sospechosas. 

Dos tipos en moto arremetieron con balazos contra Almendares el domingo 27 de septiembre. El periodista de 35 años murió horas después en un centro médico comayagüense. Según reportes, Almendares pertenecía a la oposición contra el gobierno de Juan Orlando Hernández. Ya había denunciado varias amenazas de muerte en su contra.

“Lo quiero mucho porque por él se publicó todo lo que me sucedió”, dice Grey, refiriéndose a Almendares. “Cuando uno tiene su dignidad, tiene que sacar su historia a la luz. Yo ya salí a la luz y todo trans tiene que salir a la luz. Eso quiere valentía porque también unx corre riesgo”. Grey tiene miedo de que le pase lo mismo que a Almendares. “Imagínese que lo mataron a él que era periodista, no la van a matar a una”. 

El peligro empezó a acechar a Grey en todas partes y de muchas maneras. El sábado 26 de septiembre, un grupo de supuestos elementos de la Policía Nacional de Honduras llegaron a buscarla a su casa y a la de sus amigas. El miedo se apoderó de ella, ya que en Honduras son comunes las historias de asesinatos cometidos por individuos vestidos de agentes policiales o de militares. 

Una serie de llamadas sospechosas de personas que insistían en preguntar por su paradero terminaron de convencerla de que tenía que huir de su pueblo y buscar refugio en un lugar seguro. 

Si en Honduras les niegan la vida, a las personas LGBTIQ+ no les queda más remedio que irse al extranjero. Con apoyo de defensoras y defensores hondureños de los derechos de la diversidad sexual y de otras personas, Grey, apoyada por su abogada, buscó asilo en otro país. Esta es la primera vez en su vida que salió de Comayagua, dijo Grey.

“Me siento feliz y apoyada por todas las personas que me tienen aprecio”, dice. Ve con esperanza su futuro fuera de Honduras. Sabe que aún así, nada será fácil. Mientras tanto, toma todas las precauciones necesarias en un ambiente nuevo para ella. Tendrá que hacerse a la idea de luchar contra la discriminación cada día de su vida, pero al menos por ahora está lejos del peligro de muerte que la hizo escapar de su pueblo natal.

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