Memoria LGBT: ¿Por qué se habla de 30.400 desaparecidxs en Argentina?

A 44 años del Golpe cívico-militar en Argentina recordamos de dónde sale la cifra 30.400 que reclama parte del activismo LGBT.

23 de marzo de 2020

Al cumplirse otro aniversario del Golpe cívico-militar, con un modelo de Memoria, Verdad y Justicia que es ejemplo en el mundo y ha logrado condenar a 968 personas en Argentina por delitos de lesa humanidad, activistas de la diversidad sexual vienen denunciando que los crímenes contra personas LGBT+ no han sido aun visibilizados ni castigados. Desde el activismo de la diversidad sexual, muches reclaman esto con la cifra simbólica 30.400, aunque otros piensan que esos 400 ya están incluidos en los 30.000. No obstante, es una manera de pedir Memoria, Verdad y Justicia por las personas LGBT+ desaparecidas.

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La primera mención a este número apareció publicada en 1987, en el libro de Carlos Jáuregui “La homosexualidad en Argentina”. Luego, en 1996, en un texto para revista Nx Jáuregui amplió: “Nuestra comunidad, como toda minoría en tiempos dictatoriales, fue víctima privilegiada del régimen. El fallecido rabino Marshal Meyer, miembro integrante de la CONADEP (Comisión Nacional para la Desaparición de Personas), creada durante el gobierno radical, expresó en 1985 a quien esto firma, que la Comisión había detectado en su nómina de diez mil personas denunciadas como desaparecidas, a cuatrocientos homosexuales. No habían desaparecido por esa condición, pero el tratamiento recibido, afirmaba el rabino, había sido especialmente sádico y violento, como el de los detenidos judíos”.

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La cifra estimaba a muy grandes rasgos “cuatrocientos homosexuales”. En aquellos tiempos, la palabra “homosexuales” era un modo de designar a todas las identidades que no eran estrictamente heterosexuales. Incluía a gays, lesbianas, trans, travestis, bisexuales y más. El contexto de aquella cifra era un número que en 1985 y con muchas limitaciones, recién empezaba a perfilarse y con los años, las denuncias, se convirtió en 30.000 personas desaparecidas. Pero las detenciones y persecuciones a personas LGBT no habían empezado en terrorismo de Estado.

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Ivanna Aguilera es una sobreviviente trans. Tenía 13 años aquella tarde de mayo de 1976 en Rosario. Eran las siete y estaba junto a otras compañeras, frente al Automóvil Club en la Plaza de San Martín, a cinco cuadras de su casa, cuando vio venir un camión y dos jeeps del Ejército, según contó a Presentes. ”Nosotras recién estábamos descubriéndonos, saliendo a la calle. Íbamos a la plaza porque habíamos encontrado a una compañera trans, la Poropá, la primera que conocíamos. El camión paró y nos subieron a las trompadas. La compañera mayor nos protegió. Nos llevaron al Batallón 121 (ahí funcionó un centro clandestino de detención), donde fui apaleada, abusada sexualmente en grupo, picaneada en mi genitalidad y quebrada. Todo era acompañado con insultos sobre mi identidad: maricón, puto, degenerado, ustedes son una enfermedad, hay que matarlos de chiquitos”.

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Ivanna cuenta que estuvo 72 horas secuestrada con sus compañeras. “Nos tiraron en un descampado a todas. Pero después una no sobrevivió”, dice. Más tarde, Ivanna sería detenida reiteradas veces. “Nos llevaban presas por nuestra sexualidad. Pero jamás nos ponían junto con lxs compañerxs presos politicxs, sino con la población común: violadores, delincuentes, ladrones. Y algunos volvían a abusar de nosotras. A las pocas que quedamos vivas nos pasó lo mismo. ¿Por qué nos llevaban y torturaban? Jamás nos lo dijeron. No estábamos en un gremio”, dice Ivanna.

Hoy vive en Córdoba y es presidenta de Devenir Diverse. “Las travas no tenemos justicia. Hace pocos años que empezamos a trabajar con ella. Y este genocidio para con nuestros cuerpos LGBTQ+ no se terminó cuando llegó la democracia. Hace siete años que tenemos ley de identidad de género. Antes íbamos a un hospital y nos llevaban detenidas, por edictos policiales que fueron creados por la dictadura”.

23 de marzo de 2020

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