Marina Kapoor, la artista que desafía al transoodio: “Estamos exigiendo derechos”

Por Vero Ferrari Marina Kapoor es una artista reconocida en el Perú por haber participado en concursos de música televisados: La Voz Perú y Los Cuatro Finalistas, además de su incursión en el cine con la primera película protagonizada por mujeres trans, Sin vagina me marginan, en donde ella interpreta al personaje de “La Microbio”.…

13 de noviembre de 2019

Por Vero Ferrari

Marina Kapoor es una artista reconocida en el Perú por haber participado en concursos de música televisados: La Voz Perú y Los Cuatro Finalistas, además de su incursión en el cine con la primera película protagonizada por mujeres trans, Sin vagina me marginan, en donde ella interpreta al personaje de “La Microbio”. A pesar de que nunca llegó a estrenarse en salas  por la transfobia peruana, su imagen recorrió diversos festivales nacionales e internacionales. Actualmente, además de lanzar su primer single, “Esta es mi fiesta”, para la película Miss Amazonas, sigue actuando y no deja de lado el activismo, porque como ella dice, sentiría que ha vivido en vano si no hace algo por sus compañeras.

La infancia de Marina fue la de un niñe común y corriente, salía a pasear con su familia: su papá, su mamá y su hermana pequeña. A los 11 años se dio cuenta de que no le gustaban las mujeres, y que en los juegos con sus compañeros del colegio de varones donde estudió, siempre asumía el rol femenino. En esos tiempos podía conversar con la psicóloga del colegio, de quien recibió apoyo, pero no permitió que se lo contara a sus padres. A los 15 años, sintiendo que ya no podía vivir más en esa prisión, Marina decide salir del clóset: “Senté a mi mamá y a mi papá en mi habitación, hablé con ellos y les dije: ‘Sabes qué, mamá, no me gustan las chicas, me gustan los chicos’. En aquel entonces yo pensaba que era homosexual”.

“Mi mamá se volvió mi enemiga”

Según contó a Presentes, al inicio lo tomaron bien, pero su madre empezó a llevarla a varios psicólogos intentando cambiarla. Como vio que eso no funcionaba, intentó hacerlo ella misma a través de insultos y reproches. Esa etapa fue una verdadera pesadilla para Marina: “Mi mamá se volvió mi enemiga, yo hubiese querido que, si bien no iba a apoyarme, por lo menos que no haga cosas para perjudicarme, y eso era lo que hacía, me insultaba con frases muy feas, hirientes.

Luego de mucho trabajo de paciencia de Marina, su madre empezó a cambiar. El momento decisivo fue cuando, luego de participar en La Voz Perú ya como Marina Kapoor, muy cerca de la Navidad, su madre le regaló un polo de mujer. Poco a poco, la madre de Marina llegó a convertirse en cómplice, con quien ya podía compartir aquello que la transfobia no permitía: su intimidad, sus ilusiones, sus triunfos y sus fracasos.

Marina empezó a transicionar a los 19 años, en medio de una depresión constante por el maltrato de su madre y la sensación de que su cuerpo masculino le desagradaba a ella y a la gente que la miraba en las calles.  Así estuvo desde los 17, eran tiempos en donde podía pasar meses encerrada en su cuarto, sin bañarse, casi sin comer y solo escuchando música, hasta que un día decidió volver a vivir: “Yo veía que se me pasaban los días y no hacía nada, y era seguir en lo mismo o seguir adelante. Fue ahí donde dije: ‘Tengo que cambiar, tengo que tomar las riendas de mi vida, porque es mi vida y hacer lo que yo siento está bien’, y fue donde comencé a hormonarme, comencé a cambiar, a modificar mi cuerpo”.

Expulsión del mundo laboral

Fue en ese momento donde sintió el verdadero golpe de la transfobia social. Ella estaba acostumbrada a tener trabajo, y si no le gustaba, renunciaba y buscaba otro. Como mujer trans ya no podía hacer eso. Tenía que suplicar para obtener algún puesto, sus estudios de inglés y turismo no le servían de nada, la gente no la entendía y no querían trabajar con ella: “Recuerdo que una dulcería en Plaza Lima Sur me dio la oportunidad, me tuvieron tres días a prueba, me dijo la gerenta: ‘Va a venir la de capital humano y seguro firmas el contrato’. Entonces llegó, se metieron a la oficina y me llamaron, luego de algunas pruebas, la chica de capital humano me dijo: ‘No te puedo contratar porque no sabemos cómo trabajar con personas como tú’. Se me hizo un nudo en la garganta, lo único que atiné fue a coger mis cosas, salir, tomar mi carro, llegar a mi casa y llorar y llorar durante tres horas”.

Marina pensó que sus únicas opciones, viendo que se le cerraban todas las puertas, era lo que siempre había temido: “¿Será que de verdad ahora sí tengo que ser prostituta, será que ahora tengo que ir a la calle?, ¿qué hago?”, se repetía en medio de su desesperación, mientras sentía la injusticia en carne propia: “Para mí era muy frustrante. Ahí entendí una frase que tengo muy consciente: mientras nos sigan negando la oportunidad de desarrollarnos laboralmente, la prostitución y la calle siempre nos van a estar esperando con los brazos abiertos’”. Se deprimió un mes hasta que una amiga la levantó de la cama y la llevó a un call center.  Allí trabajó cinco años en piloto automático, ocultó su feminidad incipiente e intentó sobrevivir.

Las mujeres trans viven siendo empujadas por una sociedad que las excluye a actividades muy específicas como la peluquería, a trabajos que ponen en riesgo su vida como la prostitución, e incluso a delinquir frente al abandono estatal que les quita su acceso a la educación, la salud, la vivienda, a una vida digna e incluso al amor: “No es que muchas de nosotras queramos ser putas o estar en esa vida porque nos da la gana, sino porque es algo a lo que la sociedad nos empuja cerrándonos otras puertas. Yo estoy segura de que si hubiera alguna ley que nos ampare -así como hay una ley para que cierto porcentaje de personas con discapacidad estén en planilla de todas las empresas- muchas de nosotras saldríamos de las calles, y otras no obviamente, pero por lo menos tendríamos opciones”.

Camino al éxito

Pero Marina también conoció el éxito, y fue gracias a que se atrevió a participar en un programa concurso que estaba de moda hace algunos años: La Voz Perú. Ella buscaba reafirmarse como mujer trans a través de lo que más le gustaba hacer: cantar. Vio la convocatoria y se animó a participar en la primera temporada. Pasó por varias etapas, pero en el momento de cantar frente al jurado, no pasó, ellos no voltearon. Volvió para la segunda temporada, pero le dijeron que mejor no. La tercera sería la vencida. Ya estaba más preparada y más segura de sí misma. Esta vez los jurados sí voltearon, halagaron su voz y ella eligió a la cantante Eva Ayllón como su coach. Desde ese momento, su vida volvió a cambiar. A medida que la fama llegaba, empezaban también a escribirle otras chicas trans que le contaban sus experiencias. Marina tenía una idea del sufrimiento que atraviesan por haberlo vivido, pero ahí quedaba todo. Fue al leer tantos testimonios y tanta desesperación que empezó a hablar también por ellas: “Me di cuenta de que tenía que hacer algo por mi comunidad, de que no era yo sola la que pasaba todas esas cosas, de que no es justo que otras personas trans o que nuevas chicas trans que vayan a nacer pasen por lo mismo y vivan esos momentos tan dolorosos que yo también he pasado”.

Cine y activismo

Luego vino Sin vagina me marginan, la película de Wesley Verástegui en donde ella interpretaba a “La Microbio”. Entusiasmada con el pronto avant premier, iba a los cines a ver las reacciones de la gente cuando pasaban el tráiler, pero dos días antes la transfobia volvió a caer en su vida: censuraron la película, alguna gente se había quejado de la palabra “vagina” y la distribuidora, atemorizada por la campaña antiderechos de los “Con mis hijos no te metas” decidieron rescindir el contrato de distribución.

Después participó en el concurso de canto Los Cuatro Finalistas, el documental Sarita Colonia de Javier Ponce, las películas Muerte por muerte y Un romance singular de Wesley Verástegui, que se estrenará el próximo año, y su primer single “Esta es mi fiesta” para el documental Miss Amazonas.

El deseo de Marina es hacer una miniserie o una telenovela, quiere llegar a públicos masivos, que vean que las personas trans son diversas, que también hay actrices de su perfil, que pueden hacer comedia y drama, pero sobre todo que la gente normalice su presencia en la sociedad: “Nosotras no estamos rogando por que nos dejen existir o para que nos dejen trabajar, nosotras estamos exigiendo derechos, que respeten nuestros derechos, así como nosotras también respetamos los derechos de los demás”.

 “Quiero que la gente sepa que nos están matando, que no nos respetan, que somos tratadas peor que animales, que nadie está haciendo nada por ayudarnos y que no es justo. Nadie está libre de que el arcoíris llegue en algún momento a su familia. Quiero que entiendan eso, que nosotras no somos una abominación, que no nos pongan una etiqueta, muchas personas tienen que saber eso, que comprendan la diversidad que puede haber dentro de la sociedad. Y lo importante que es el apoyo familiar, yo, teniendo el amor de mi madre me sentí capaz de todo, Ahí es donde yo decidí estudiar lo que a mí me daba la gana, decidí dedicarme a lo que me gusta que es la actuación, el canto y luchar por los derechos de todas nosotras. El apoyo familiar hace que una persona pueda desarrollarse. Ahora que tengo a mi madre me siento invencible”.

13 de noviembre de 2019

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