#Guatemala La diputada que lucha sola por los derechos LGBT

Lesbiana y activista, es la única entre 158 legisladorxs que lleva la agenda de la diversidad en el Congreso. “Mi país es machista y racista”, dice.  

26 de septiembre de 2018

Por Rosario Marina, desde Guatemala.

Sandra Morán es la única diputada que defiende los derechos de la comunidad LGBT en el Congreso de Guatemala y también la única lesbiana visible en la Cámara. Define: “Guatemala es machista y racista”. Presentó la primera ley de identidad de género del país, pero la rechazaron. También una para que el odio a la identidad de género u orientación sexual sean agravantes de los homicidios. Tampoco prosperó. 

Desde 2016, el año en que fue electa, está sola: de los 158 diputados y diputadas, ella es la única que piensa leyes que buscan garantizar derechos a las personas gays, lesbianas, bisexuales, travestis y transexuales. De los cinco que componen la izquierda, ella es la única mujer. En total, hay sólo 31 mujeres en el Congreso de Guatemala, lo que representa menos del 20%.

Su despacho, en el segundo piso de un edificio cercano al Congreso, es sencillo: cuatro sillas con estampado indígena, una mesa, la bandera de Guatemala y la de su partido -Convergencia- e imágenes en sus paredes. Un calendario de las Antiprincesas, una foto de Berta Cáceres -la líder social hondureña asesinada en 2016- y un reconocimiento de las organizaciones de la diversidad sexual.

¿Se siente  una abanderada de la causa LGBT?

-Es que soy parte de la comunidad. Y mi trabajo yo lo he planteado como todos los derechos para todas las personas. Yo trabajo pueblos indígenas, mujeres. No soy únicamente para la diversidad, este es un elemento de mi agenda política, pero es un elemento importante porque si no lo hago yo no lo hace nadie.

-¿Qué derechos tienen las personas transgénero en Guatemala?

-Las trans son personas que están en una situación de pobreza, de clase media baja, que se inventan la vida para poder comer, y dentro de eso está el trabajo sexual, o el trabajo en salones, o ventas de comida o de atención. Son espacios muy reducidos que tienen. Nosotros estamos en un país donde la pobreza, la extrema pobreza, es enorme y toca todas las poblaciones. Tenemos el 70% de la población en el sector informal. En ese sector es donde te encontrás a la mayor parte de las personas trans.

-¿Cuál es la situación de la comunidad LGBT en general?

-Somos un país donde, cada vez más, las iglesias han impactado fuerte en el pensamiento. Ahora se evidencia que hay muchísima gente, incluyendo al presidente (Jimmy Morales), que vuelve a la idea de la familia heterosexual como una norma. Entonces no se reconocen las familias diversas como una familia. La homosexualidad vuelve a ponerse como una desviación, como un pecado o como una enfermedad. A pesar de que son ideas del siglo pasado, las están volviendo a poner en circulación. Confrontar esa realidad es terrible: avanzamos, avanzamos, pero ya topamos. Más allá de lo que hemos logrado hasta este momento, es muy difícil.

-¿Se puede decir que hubo un retroceso en los últimos años?

-Se puede decir que lo que quieren es evitar que sigamos avanzando. Y que se evidencia un miedo a los cambios, pero eso no es sólo Guatemala, es algo que está afectando al mundo y a América Latina muy fuerte. Esas ideas más conservadoras expresan el miedo a los avances de la diversidad, y a lo que llama esta “ideología de género” por lo cual se está guiando todo el mundo en contra de nosotros y nosotras.

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Sola en el Congreso

Sandra lleva 40 años en movimientos sociales. Hasta el 2015, cuando el pueblo salió a la calle para pedir que se fuera el ahora ex presidente Otto Pérez Molina, acusado de corrupción, nunca había formado parte de partidos políticos, pero la invitaron y resultó electa.

Ahora, para las organizaciones ella es su voz en el Congreso. “Es la única diputada que se asume lesbiana y fue electa como tal. Con lo cual abre una brecha importantísima para la participación política de la comunidad LGBTIQ en Guatemala”, explica Luis Eduardo Barrueto, de la organización Visibles. El activismo se apoya en ella, y ella en las organizaciones.

¿Qué leyes ha presentado para buscar ganar derechos para la comunidad?

-La 5395, que es la Ley de Identidad de Género. Con esa por un lado ganamos visibilidad, ganamos discusión. La ley tuvo dictamen desfavorable, no pasó más allá de la comisión de trabajo. Sin embargo, por primera vez en la historia del Congreso caminó una ley de ese tipo. Y abrimos campo. La existencia de las personas trans se habló en el ámbito político y en el ámbito público, y se evidenciaron las acciones en contra de la misma existencia de ellas. Yo creo que es como un termómetro: nos permite medir hasta dónde estamos y cuál es el ámbito de acción.

-¿Que reacciones hubo a la presentación de la Ley de Identidad de Género?

-Quedó en evidencia que hay una transfobia terrible y una posibilidad de mayor violencia. Pero eso es importante que primera vez un diputado, o sea yo, me atrevo -porque en ese campo estamos, de atrevimientos- a presentar algo y a representar a la comunidad. Porque yo podía estar en el closet igual.

La ley planteaba el reconocimiento a la identidad, los cambios en los papeles. Y el acceso a los derechos que todo mundo tiene que tener. Aquí ya se pueden cambiar de nombre. Pueden ir al RENAP (Registro Nacional de las Personas), ya ganaron el cambio de nombre y el cambio en el sentido de su fotografía, de su aspecto físico. Ha sido un trabajo de las organizaciones trans a través de un convenio más directo. Lo que se quería con la ley era dar un paso más adelante. Pero no se logró.

-¿Existe alguna política pública pensada para el colectivo?

-El Estado de Guatemala fue conminado a hacer una política pública a partir de un caso en la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos). Pero en este momento está parada. Porque el gobierno, que tiene su base en las iglesias evangélicas, se está resguardando de no dar pasos en falso. Y pasos en falso para ellos es avanzar con la política de la diversidad.

-¿Cree que este gobierno la puede llegar a considerar?

-No. Más ahorita que está cerrando filas y está permanentemente hablando de la familia heterosexual, de la vida. Este gobierno ya no. Tenemos que esperar cuál es el próximo gobierno, si es continuidad de este o va a haber posibilidad de hacer un cambio. Ese es el reto para nosotros.

-¿Se siente un poco sola con estos temas en el Congreso?

-Es que de hecho estoy sola. Aunque hay algunos diputados que no necesariamente están en desacuerdo, lo que pasa es que este tipo de leyes lo que hacen es quitar votos. Ahora mucho menos van a hacer este tipo de cosas porque ya estamos en período electoral.

-¿Hay cifras sobre la comunidad LGBT?

-Las compañeras hablan de 15 mil personas, pero no lo sé. En el censo ya no lo quisieron poner como pregunta. Para mí era muy difícil que hicieran esa pregunta en el sentido de la gente está en el closet. Pero también implica que no tenemos estadísticas oficiales.

-¿Qué es la iniciativa 5272?

-La 5272 -una ley que está a punto de aprobarse y que atenta contra los derechos de mujeres y personas LGBTI- es una contraley a mi agenda. Sigue siendo una amenaza. La ley está viva y en cualquier momento la pueden poner. No es la única, hay como 10 leyes que son amenaza para determinados grupos sociales, para controlar las manifestaciones, el movimiento social de oposición. Son respuestas del poder a las manifestaciones públicas, a la lucha por derechos.

-¿Definirías a Guatemala como un país machista?

-Oh, bastante. Y racista.

26 de septiembre de 2018

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