"Esperando la muerte": cómo viven y mueren las personas trans en Paraguay

La población trans de Paraguay sufre violencias, discriminación y falta de acceso a trabajo, salud y educación, dice el informe “Esperando la muerte”.

Yren Rotela, activista trans, convoca al #8M
14 de septiembre de 2018

Por María Sanz, desde Asunción La población trans de Paraguay sufre violencias, discriminación y falta de acceso a derechos como el trabajo, la salud o la educación, según el informe “Esperando la muerte”, elaborado por el Centro de Documentación y Situación Trans de América Latina y el Caribe (Cedostalc), la Red Latinoamericana y del Caribe de personas trans (RedLactrans), y la organización Panambí, que nuclea a trans, travestis y transgénero en Paraguay. El informe que se presentó este jueves en Asunción, recoge algunos casos de vulneraciones de derechos registrados entre 2016 y 2017, y llama la atención acerca de las violencias y la discriminación a la que siguen expuestas las personas trans en Paraguay. Marcela Romero, coordinadora regional de la RedLactrans, recordó en la presentación que las diferentes violencias y las condiciones de vida de las personas trans en la región hacen que la esperanza de vida promedio de una trans en América Latina sea de 35 años: la mitad de lo que se espera que viva una persona cisgénero. “Existe la pena de muerte contra las personas trans, hay un genocidio trans en nuestra región”, dijo Romero. La activista trans se exilió en Paraguay en los años noventa y vivió cinco años en Asunción, adonde llegó “escapando de la represión, la persecución del Estado y la violencia institucional contra las trans en Argentina”, expresó. Las personas trans también reclamaron acceso a derechos económicos, sociales y culturales, y justicia, esclarecimiento y reparación de los crímenes de odio contra elles, incluyendo los 60 asesinatos que se registraron en Paraguay desde el final de la dictadura en 1989, y que permanecen impunes. El informe cita otro documento de Panambí, “Olvidadas hasta en la muerte”, donde se contabilizan más de 54 asesinatos de mujeres trans en el Paraguay desde 1989 hasta 2013. “Creo que hay más muertes de esas 60. Casos que ni sabemos, y el mismo Estado, como no hay ley de identidad de género las identifica como hombres, entonces es otro hombre más que murió, un indigente. Hay cuerpos en las morgues de trans que están hace años, y que no las viene a retirar su familia. Muchas compas mueren en las guardias de los hospitales porque no las atienden, y conozco a mujeres trans en Paraguay que han muerto en su casa porque no quieren ir al hospital, por la mala atención”, dijo Marcela Romero a Presentes.

Violencias del sistema carcelario contra las trans

El informe señala que la violencia institucional sigue siendo predominante en Paraguay. En el 35% de los casos documentados, esa violencia del Estado la ejerce el personal del sistema carcelario. Varias mujeres trans se encuentran internas en prisiones reservadas a varones, a pesar de que asuman una identidad de género femenina. En las cárceles, las internas se ubican en un pabellón separado, pero no acceden al patio de la penitenciaría, ni a cursos de formación, ni a talleres de trabajo, debido a que son agredidas física y verbalmente cada vez que salen del pabellón. Además, no se les permite maquillarse ni usar prendas de vestir consideradas femeninas, y con frecuencia se les corta el pelo. Para las personas que viven con VIH o sida, el acceso a retrovirales es irregular o se retrasa, lo que empeora su estado de salud.

Brutalidad policial

Fuera del ámbito penitenciario, “la mayoría de las agresiones e intimidaciones de las que son víctimas las mujeres trans provienen de la brutalidad policial, traducida en detenciones arbitrarias y lesiones en el ejercicio de sus funciones, así como en agresiones físicas por el solo hecho de su identidad de género”, denuncia el documento. E insiste en que las más expuestas son quienes, expulsadas del mercado laboral a causa de su identidad de género, ejercen el trabajo sexual en la calle.

Falta de acceso a trabajo, educación y salud

El trabajo sexual es la actividad económica principal del 86 % de las personas trans en Paraguay. Es un trabajo que no está penado en Paraguay, pero tampoco reconocido ni regulado por ley. “El acceso a empleos se ve impedido por la discriminación ante el hecho de asumir una identidad sexual diferente, pues en entidades privadas no se contrata a personas transgénero, salvo en peluquerías o en voluntariados en el ámbito de la salud”, expone el documento. La vida laboral se complica además por el hecho de que más de la mitad (el 52%) de las personas trans no completaron los estudios primarios y terminaron dejando la escuela debido a las “burlas, hostigamientos, castigos físicos y tratos degradantes” que recibieron de otros estudiantes y de docentes. Los mismos tratos degradantes los encuentran las personas trans a la hora de acudir a los servicios de salud, “donde son objeto de agresiones psicológicas y humillaciones cuando requieren atención sanitaria en general, y especialmente cuando acuden para obtener tratamientos y atención para el VIH y el sida”, describe el informe. Yren Rotela, referente de Panambí y presidenta de la Red Paraguaya de la Diversidad Sexual (Repadis), destacó que esta falta de acceso a la salud incluye además que las personas trans no puedan acceder a tratamientos hormonales ni cirugías cuando desean adaptar sus cuerpos a la manera en que se autoperciben. Esto genera que muchxs trans recurran a la automedicación con hormonas, como las de los anticonceptivos inyectables, que consumen sin ningún control médico, ya que no hay endocrinólogxs especializadxs en transiciones hormonales en Paraguay, dijo Rotela a Presentes. También lleva a que algunxs trans modifiquen sus cuerpos con sustancias como la silicona industrial, conocida como “aceite de avión”. Se trata de intervenciones, generalmente clandestinas, en las que se inyectan biopolímeros de silicona líquida, una sustancia utilizada para la limpieza de maquinarias, en diferentes partes del cuerpo, con grave riesgo para la salud.

Una trans muerta por cirugía clandestina

La semana pasada, una de estas cirugías clandestinas acabó con la vida de Yanina, una mujer trans de 30 años, que murió tras someterse a una intervención en la que le inyectaron silicona industrial en sus caderas. Uno de los pinchazos alcanzó sus arterias, y el líquido entró en contacto con su sangre, hasta llegar al pulmón. El sábado, cinco días después de la intervención, Yanina vomitó sangre y la trasladaron a un hospital, donde no pudo acceder a terapia intensiva y falleció, explicó Rotela. La referente trans agregó que la mayor parte de las mujeres trans recurren a las cirugías por la presión estética que reciben acerca de cómo debe verse su cuerpo, especialmente si se dedican al trabajo sexual. Sin embargo, estas operaciones causan problemas a medio plazo, como dolores al permanecer sentadas o acostadas durante mucho tiempo, e incluso infecciones pulmonares.

Falta de leyes y de políticas públicas

Ante la situación que describe el informe, las organizaciones trans reivindican que el Parlamento paraguayo apruebe dos leyes fundamentales: la ley contra toda forma de discriminación, y la ley de identidad de género. “Recién ayer Chile aprobó su ley de identidad de género, y ya hay ley en Bolivia, Argentina y Uruguay. Paraguay es el último país del Cono Sur que no tiene esta ley. Creo que tiene que empezar a debatirlo, que los parlamentarios corran la moral a un lado, y empiecen a pensar en cuál es la calidad de vida de las personas”, expresó Marcela Romero a Presentes.  ]]>

14 de septiembre de 2018

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