#JuicioDianaSacayán: la autopsia mostró que fue asesinada con ferocidad

Por Ana Fornaro y María Eugenia Ludueña A Diana Sacayán la mataron con saña en su propia casa, cuando estaba en estado de indefensión por los fuertes golpes recibidos. La activista travesti y defensora de derechos humanos fue maniatada, amordazada, atacada de muchas maneras y herida de muerte con un arma blanca. Así lo contó…

27 de marzo de 2018

Por Ana Fornaro y María Eugenia Ludueña A Diana Sacayán la mataron con saña en su propia casa, cuando estaba en estado de indefensión por los fuertes golpes recibidos. La activista travesti y defensora de derechos humanos fue maniatada, amordazada, atacada de muchas maneras y herida de muerte con un arma blanca. Así lo contó ayer el primero de los siete testigos de la audiencia, Roberto Cohen, en uno de los pasajes más duros de lo que va del juicio. Algunas personas se retiraron de la sala en medio de la proyección de las imágenes de la autopsia, entre ellas algunos familiares. Ayer también declararon amigas de Diana y la antropóloga muxe Amaranta Gómez Regalado, que dio una clase magistral ante el Tribunal Oral Criminal nro. 4. Foto: Ariel Gutraich Al inicio de esta tercera audiencia que duró seis horas, la más larga hasta ahora, el tribunal había avisado: las imágenes de la autopsia podían herir. Cohen se sentó en la silla de los testigos y pidió disculpas a los presentes. Apelando al lenguaje con que los cuerpos cuentan a las ciencias forenses lo qué pasó, el cuerpo de Diana habló. -Conocí a Diana Sacayán el 14 de octubre de 2015, a las 7 de la mañana, en la mesa de autopsias- dijo el forense. Diana fue su autopsia 14806, un cuerpo de 1,72 metros y 95 kilos con 27 heridas, 13 de ellas de arma blanca, dos mortales. Cohen, que lleva más de 16 mil autopsias en la Morgue Judicial –entre ellas, la de Santiago Maldonado y la de Ángeles Rawson- apoyó sus explicaciones con una presentación de fotografías que se visualizaron en un televisor.

 

El impacto de las imágenes

Las imágenes mostraban a Diana como nadie hubiera querido verla, a ella ni a nadie. Con el rostro golpeado e hinchado, heridas en la cabeza, el rostro, el pecho, los brazos, la espalda, el torso, los glúteos. “Multiplicidad lesiva” dijo el forense. Categorizó las lesiones en tres tipos: excoriativas (por golpes o choques contra objetos duros), por ataduras y por arma blanca (elementos de puntas y filos). “Todas las heridas fueron en vida” explicó Cohen. Describió que los golpes dejaron a la víctima en estado de indefensión. Y que las lesiones mortales, dos heridas profundas, le provocaron una hemorragia interna y se perpetraron con un arma blanca que debió haber tenido una hoja de 12 a 15 centímetros. “Tuvo una sobrevida de 10 minutos después de esas lesiones”, dijo Cohen. Y estableció una secuencia: fue atacada y golpeada, luego maniatada, después herida varias veces con un arma blanca. Mientras las imágenes iban pasando en el televisor, algunas de las personas en la sala se tapaban la boca. Otras cerraban los ojos, algunas se secaban lágrimas con pañuelos de papel. El acusado, Gabriel Marino, 25 años, se metía las manos en el buzo rojo y se estiraba para atrás en la silla. Ya no estaba la mirada altiva y desafiante del primer día, cuando sonreía a los fotógrafos. Cada tanto miraba hacia abajo, cada tanto cerraba los ojos. En los peores momentos parecía dormitar. “Pueden ser una o más armas. Pueden ser una o más personas”, respondió el forense ante esas dudas.

Saña y multiplicidad de lesiones

-¿Le tocó alguna vez realizar una autopsia a una mujer trans?, preguntó Mariela Labozzetta, titular de la Unidad Fiscal especializada en violencia contra las mujeres y LGBT, que elevó esta causa a juicio con mención explícita a la palabra travesticidio. -Muchas veces- respondió el forense. -¿Podría decir alguna especificidad? -La multiplicidad de lesiones. Pero es algo que también vi en las autopsias de Ángeles Rawson y Wanda Taddei. La abogada de la querella familiar, Luciana Sánchez, preguntó por el modo en que la Justicia lleva el registro de los mapas anatómicos de las personas trans. El médico explicó que esos mapas se hacen en base a los protocolos de Estambul y Minessotta. -Pero hay modo específico de relevar esta autopsia por tratarse de una persona trans? -No, usamos el género femenino. La última pregunta al forense la hizo uno de los jueces, Julio Cesar Báez. Quiso saber si Cohen consideraba que las múltiples lesiones se relacionaban con la ferocidad del crimen. -Si le llama ferocidad a la multiplicidad de lesiones, debo decirle que sí. Al terminar la declaración del forense, el acusado pidió retirarse para ir al baño. “Se siente mal” dijo su defensor, Lucas Tasssara, y solicitó que se lo eximiera de estar presente. El tribunal accedió. Alguien en la sala murmuró: “Después de lo que hizo, se sentirá mal el resto de su vida”.   El operativo de la Metropolitana contra Diana La segunda testigo fue una activista y amiga de Diana, con la que compartía muchas actividades de la militancia. Uno de los momentos más salientes de su testimonio fue cuando recordó un operativo de la Policía Metropolitana que terminó con Diana maniatada y pisoteada. Aquel día ella y Diana estaban junto a un grupo de travestis y trans en la Ciudad de Buenos Aires, iban rumbo a La Plata, donde se trataba el tema de cupo laboral trans, ley de la cual Diana fue una de las impulsoras. La amiga contó que estaban en una parada esperando el colectivo, sobre la avenida 9 de Julio, cerca de ministerio de Salud. “Nos encontramos con un machirulo que insultó a Diana. Hubo un episodio, intervino la Metropolitana y fuimos reprimidxs. A Diana le amarrocaron las manos, la tiraron al piso boca abajo, se burlaban y le pisaban las muñecas. No la dejaban sentarse. Diana les explicaba que trabajaba en la defensa de derechos humanos en el INADI. Los policías le decían que ellos eran la autoridad. Ella y un compañero del INADI fueron detenidos. Nunca antes me había encontrado en la línea de fuego con ese grado de violencia”. Con esta amiga Diana trabajó en el consultorio saludable en el Policlínico de San Justo. “Aunque hoy ese consultorio sigue, muchos otros proyectos quedaron truncos sin ella, era la que los forjaba y ya no está. Y con Diana muerta, no queda quien ta vaya a sacar de la comisaría como hacía ella”. Entre los testimonios también hubo dos testigos muy breves, un primo y un sobrino político del acusado, que recordaron brevemente el operativo en que la policía fue a la casa paterna de Marino y se llevó de ahí un cepillo de dientes, un peine y unas zapatillas.

Por primera vez la justicia habla el lenguaje travesti

Amaranta Gómez Regalado –activista muxe y antropóloga, de trayectoria internacional- había sido convocada como testigo experta por la querella familiar. Sus palabras ante el tribunal fueron una clase magistral, dirigida a un público amplio, sobre identidad de género, política, cultura y violencia, enmarcada en la situación regional. Lo suyo fue una especie de traducción cultural de la realidad que viven las personas trans en América Latina, con puntos en común y diferencias, explicada a la Justicia. Duró alrededor de dos horas y algún día ojalá forme parte de los anales históricos. Arrancó presentándose a los jueces: “Tengo 40 años, vengo del istmo de Tehuantepec, de Oaxaca, provengo de la etnia zapoteca, soy antropóloga de la universidad veracruzana. Llevo más de 22 años en el activismo de los derechos humanos, los derechos de la población trans, indígena y la salud sexual. Esta es mi sexta visita a la Argentina”.
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En julio de 2016, Amaranta fue invitada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación para exponer sobre globalidad, diversidad y género en el encuentro “Diversidad y Acceso a la Justicia”, presidido por la vicepresidenta de la CSJN Elena Highton de Nolasco. Su activismo tuvo muchos puntos de encuentro con Diana. Ambas trabajaron en la organización ILGA-LAC para América Latina y el Caribe. Estuvieron juntas en Suecia, en Brasil, en México, en Guatemala. “Diana era la voz cantante para calmar ciertas situaciones. Tenía una gran capacidad de negociación”, dijo. Primero Amaranta, guiada por las preguntas de Luciana Sánchez, abogada de la querella, dio paso a las definiciones básicas. Habló de cisgénero como categoría hegemónica, y de binarismo de género. Del “castellano esquizofrénico, donde pareciera que no hay un tercer espacio, que sí existe en la lengua zapoteca. En el Istmo de Tehuantepec hay artículos como tique no referencian a masculino ni femenino. Hay que asumir que existe un tercer espacio, sin encajonarlo”, dijo. Habló de lo trans: “Una categoría nueva. Desde mi punto de vista y por los trabajos que se han hecho, es una categoría política que permite visibilizar las necesidades de la población travesti, transgénero y transexual. Transitar los géneros. Jugar con la biología que no se conforma haber nacido femenino o masculino”. -¿En América Latina las identidades trans son hegemónicas?- preguntó Sánchez. -No. Pero en muchas poblaciones y lugares existían antes de que existieran los LGBT. En México, en Canadá, en Panamá, en Polinesia, en Fidji, los Navajos en Estados Unidos, ejemplificó. Son preexistentes al proceso colonial y vinculadas a la identidad indígena.

“El reto está en el cambio del chip cultural”

Amaranta recordó que escuchó por primera vez la palabra “travesti” en Buenos Aires. Estaba en la casa de su amiga la filósofa Josefina Fernández, cuando la escuchó de la boca de Lohana Berkins. “Un cuerpo travesti es una ciudadanía. Pero la mayoría de los países de América Latina no reconocen esto” -dijo ante el tribunal-. “Aquí hubo avances y ha costado mucho trabajo. Pero por más legislación que exista, el reto está en el cambio del chip cultural, porque el cuerpo travesti rompe un binal, no es femenino ni masculino, es otro, se autoconstruye”. Ante los jueces, la activista muxe recordó el eslabón de exclusiones y rechazos con que conviven desde su niñez las personas trans, en la familia, en la escuela, en el acceso al trabajo. “No hay reconocimiento pleno de la capacidad intelectual de las personas trans, como si todas debieran ser peluqueras o bailarinas dedicarse al trabajo sexual”. También habló de la negación del amor: “Pareciera que las travestis no tienen amor”. De la negación de las muertes: “Hasta ahí se puede invisibilizar la identidad travesti”. La antropóloga habló de las muertes como “el destino final de las personas travstis”. Destacó la saña de esos crímenes. Los analizó, como hace Judith Butler, desde una doble negación del victimario: la del cuerpo travesti y la del deseo de ese cuerpo.

Vidas y muertes sin estadísticas

Compartió datos: el promedio de vida de las personas trans es de 32 a 40 años. Sin embargo, no hay estadísticas producidas por el Estado acerca de esa población. “Los datos los empujan las organizaciones de la sociedad civil”. Enfatizó el marco de pobreza, violencias y olvidas en el que transcurren las vidas de muchas personas trans. Habló del horizonte de posibilidades que puede abrir un pequeño avance. De la potencia del activismo, pero también de su fragilidad: “En toda América Latina no llegamos a ser 30. Y esa línea de liderazgos a veces se corta de tajo. El asesinato de Diana, contó, impactó mucho no solo en Argentina. Dejó un vacío, una orfandad colectiva. Y una lección aprendida: “Como trans y defensoras de ddhh tenemos mayor vulnerabilidad, porque cuando pasas de la esfera privada a la pública, se producen persecuciones, agresiones, intimidaciones. Te conviertes en vocera social, estás interpelando al Estado. No es cis la que toma el micrófono, es un cuerpo travesti que no entiendes. Como si una travesti no tuviera derecho a imaginar el mundo de otra manera”. “Las personas trans terminan no siendo sujeto de derechos. Sus crímenes no se condenan. Cuántos alrededor de América Latina pueden construir una red para que el caso esté hoy en la Justicia?”. Hizo un llamamiento a los jueces: “También la Justicia debería abrirse camino y nombrar con nombre propio a las personas travestis”. Foto: Ariel Gutraich

 “Con el asesinato de Diana, la violencia de la calle se metió en el domicilio”

Tras el largo testimonio de la testigo experta Amaranta Gómez Regalado, declararon dos amigas más de toda la vida de Diana. Ambas travestis, y ambas del círculo íntimo de la militante de derechos humanos. Las dos conocieron brevemente al acusado, pero con el nombre “Lautaro”. Diana lo había presentado como su novio semanas antes de ser asesinada y les contó que lo había conocido en el CENARESO (Centro Nacional de Reeducación Social). Los testimonios de las amigas de Diana destacaron la frescura y espontaneidad de Diana así como sus dotes de liderazgo. “Era nuestra referente, siempre lo había sido, desde que éramos chicas”, dijo la primera, quien habló de la herida irreparable que le generó su muerte. Desde el asesinato de su amiga, el miedo la llevó a no volver a pisar la Ciudad de Buenos Aires. Ayer le contó al tribunal que se deprimió y dejó de hacer todas las actividades de su vida anterior. Ahora, dice, solo ve a su familia y prácticamente no sale de su casa. “Lo que sentí en ese momento y siento es: si le hicieron esto a ella que era una figura pública, una defensora de derechos humanos, ¿qué queda para nosotras, las anónimas?”. Y agregó: “A mis amigas travestis las viven matando en la calle. Están muy expuestas, pero esta vez, con Diana, la violencia de la calle se metió en el domicilio”.

Vivimos expuestas a la discriminación y violencia”

La última en declarar fue otra amiga y compañera de militancia de Diana. Se conocieron cuando ambas cursaban en la Escuela 84 de Laferrere. Salieron juntas del closet trans. “Nos refugiábamos en la cocina de la escuela porque recibíamos mucho acoso, mucha burla en los recreos y allí planificábamos y tejíamos. Tendríamos 19 años. Ella siempre fue muy batalladora. Después participamos de las mismas organizaciones y proyectos. Diana siempre quiso seguir estudiando y hacer una carrera política”, contó. Cuando se enteró de su asesinato, entró en shock. “Fui directo a declarar a la fiscalía. Por mucho tiempo, muchos meses, no pude volver a dormir. Tenía miedo. A mí ya me habían intentado asesinar en la puerta de mi casa y fue muy difícil que los jueces me escucharan. Nosotras también tenemos derechos y garantías. Vivimos expuestas a la discriminación y violencia”.  

A las cinco de la tarde, en la plaza frente a Tribunales continuaban las actividades artísticas y militantes para acompañar la audiencia. Fue allí donde lxs activistas Amaranta Gómez Regalado, Flor Guimaraes, Romina Pereyra y Say Sacayán dieron por finalizada la jornada y contaron al público cómo fue la audiencia. “Fue un día muy duro para nosotros. Fue muy duro tener que ver todo lo que hicieron con Diana, que es lo que hacen reiteradas veces con todas las compañeras y es algo sobre lo que la Justicia nunca se ha pronunciado. Nuestra obligación y nuestra responsabilidad es tomar esta causa como lo hubiera hecho Diana”, dijo Say, emocionado, con la voz entrecortada. Por su parte, Amaranta Gómez Regalado habló sobre su relación con Diana y enfatizó el carácter inédito e histórico de este juicio, donde Argentina, una vez más, abre camino en temas de diversidad. “Es la primera vez que la Justicia y los medios hablan de travesticidio. Obligar a las instituciones a que hablen nuestro lenguaje es un paso enorme: siéntase orgullosos y orgullosas de eso”.]]>

27 de marzo de 2018

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