#DianaSacayán: "Diana lo dio todo por su familia y su comunidad"

Hoy fue la segunda audiencia del juicio oral y público por el travesticidio de Diana Sacayán, asesinada en octubre de 2015. Al igual que el lunes pasado, hubo dos instancias paralelas: una afuera del Palacio de Tribunales de la Ciudad de Buenos Aires, donde activistas de la diversidad, artistas y gente suelta acompañó a la familia y le puso el cuerpo al juicio desde las 9 de la mañana, y otra adentro, donde se desarrolló la audiencia que arrancó pasadas la once y terminó a las cinco de la tarde.

19 de marzo de 2018

Por Ana Fornaro y María Eugenia Ludueña _Fotos: Ariel Gutraich [Crónica en progresión] Hoy fue la segunda audiencia del juicio oral y público por el travesticidio de Diana Sacayán, asesinada en octubre de 2015. Al igual que el lunes pasado, hubo dos instancias paralelas: una afuera del Palacio de Tribunales de la Ciudad de Buenos Aires, donde activistas de la diversidad, artistas y gente suelta acompañó a la familia y le puso el cuerpo al juicio desde las 9 de la mañana. Y otra adentro, donde se desarrolló la audiencia que arrancó pasadas la once y terminó minutos antes de las cinco de la tarde.

 Desde el comienzo se sabía que iba a ser una jornada larga y crucial: de los 13 testigos previstos, declararon 10, entre ellos el hermano de Diana, Sasha Sacayán, activista y actual coordinador de la organización Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (M.A.L), uno de los tantos legados de Diana. Además del Tribunal Oral en lo Criminal Nro. 4 –integrado por Adolfo Calvete, Ivana Bloch y Julio Cesar Báez- en la sala estaba el representante del Ministerio Público Fiscal, Ariel Yapur;  representantes del Instituto Argentino contra la Discriminación (INADI), con la querella encabezada por Juan Kassargian, abogado del organismo donde Diana trabajaba; y Luciana Sánchez, abogada de la familia Sacayán. Los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal Nro. 4, en la sala del piso sexto, Tribunales Frente a ellxs, estaba David Gabriel Marino, único acusado por “homicidio triplemente agravado por haber sido ejecutado mediando violencia de género por odio a la identidad de género y con alevosía y robo”, junto a Lucas Tassara, su defensor. En el medio, la sala rebalsaba de gente entre la numerosa familia de Diana, activistas y periodistas. Algunas personas no pudieron entrar.

El acusado no quiso declarar

Marino entró con la cabeza baja, vestido de jean y zapatillas de marca, con una campera de lana color crema. Se sentó junto a sus abogados y mantuvo los ojos entrecerrados, con la misma expresión indefinida de la audiencia pasada. Mientras se tomaba de las manos, nervioso, lxs familiares de Diana lo miraban fijo desde sus asientos. Gabriel David Marino (der) junto a su abogado Lucas Tassara, defensor público  Para dar comienzo a la audiencia, Marino debía prestar declaración indagatoria, algo que su abogado objetó. Pidió que se “dejara en suspenso el acto de indagatoria”, pero el Tribunal no hizo lugar al pedido, argumentando que el acusado puede negarse, si quiere, a declarar. O puede hacerlo en el momento que elija. Por lo tanto, quedaba obligado a responder las preguntas de rigor de los jueces a cualquier persona acusada. Así, quienes estaban en la sala, se enteraron que Marino nació en 1992 en Parque Patricios. Que antes de estar imputado y en prisión preventiva era cadete de un contador. Que tenía problemas con las drogas y que está en tratamiento. En la cárcel empezó a estudiar abogacía. Cursa el CBC. Marino contestó rápido, casi sin modular, y al final dijo que no prestaría declaración testimonial porque no conocía “todas las pruebas en mi contra”, repitiendo el argumento de su abogado. Al terminar de responder a los jueces, se levantó de la silla y, antes de que entrara Sasha, el primer testigo, tuvo que abandonar la sala. Fue un pedido de la abogada de la familia, para que el hermano de Diana pudiera hablar con tranquilidad.

“Diana lo dio todo por su familia y comunidad”

“Me gustaría contar quién era Diana y cuál fue su militancia”, dijo Sasha después de presentarse. Su declaración, que respondía a las preguntas de la abogada Sánchez, fue la más larga de todas, y duró una hora y media. Empezó por el origen de su familia: 17 hijxs de una madre migrante de Tucumán, instaladxs en Laferrere, conurbano bonaerense, viviendo en condiciones de precariedad y mucho sacrificio. Desde muy joven Diana estableció vínculos con sus vecinxs, transformó en comunidad su barrio, ayudó a sus compañeras travestis y trans, todas en situación de prostitución, como ella lo estuvo tanto tiempo. “Era muy cariñosa con todos nosotros y fue una referente para las compañeras travestis. Lo dio todo por su familia y su comunidad. Su primera batalla ganada fue lograr la derogación del Código de Faltas de la provincia de Buenos Aires que prohibía las identidades travestis. Se enfrentó muchas veces a la policía y fue perseguida. Hizo unas 23 denuncias a policías por los vínculos que tenían con la explotación sexual. El último tiempo había pedido protección porque había sido agredida. No se la dieron”. Diana fue también una de las impulsoras de la ley de identidad de género y militó por el cupo laboral trans en la provincia de Buenos Aires, que aún no se reglamentó. A Diana la mataron al mes de que se sancionara esa ley, cuando ya trabajaba en el área de Diversidad del INADI. “Esa ley es fundamental porque según una investigación, el 98% de las personas travestis y trans no acceden a trabajos formales y están en situación de prostitución. Tenían una esperanza de vida de 32 años que ahora pasó a 40. Con la militancia logramos ganar 8 años de vida. Nosotros denunciamos que esa cadena de violencias que sufren las personas travestis y trans desde su infancia se llama travesticidio social, y cuando son asesinadas tienen que llamarse como lo que son: travesticidios, que son crímenes de odio, porque se hacen con saña. Diana muere a la tercera puñalada pero recibe más de 20. A ella la amordazaron, la remataron”. La familia de Diana escuchó estas palabras y a varixs les corrían las lágrimas. Al finalizar su testimonio y tras responder algunas preguntas de la defensa de Marino – vinculadas a cómo habían reconocido al acusado-, el juez Báez preguntó: – ¿En M.A.L hubo cambios después de su asesinato? ¿Alguien pudo reemplazar a Diana? – No. Las personas travestis y trans tenemos un promedio de vida de 35 años. Con las condiciones de vida a las que están sometidas, a las compañeras les cuesta mucho pensarse, estar sin Diana. Desde su asesinato, perdimos a cinco compañeras más. Entre ellas a Lohana Berkins. A Diana le llevó veinte años constituirse como la militante que fue. Es difícil construir un liderazgo cuando la esperanza de vida es tan corta, cuando las compañeras se están muriendo, dijo Sasha.

El primer policía en la escena del crimen

Tras su declaración, se hizo una breve pausa y pasaron a declarar los nueve testigos restantes. La audiencia siguió con el testimonio de Martín Ariel Maldonado, que hoy es subcomisario y al momento del crimen era jefe de Judiciales de la comisaría 38 de Ciudad de Buenos Aires. Maldonado aportó un testimonio acerca de la escena del crimen. “El móvil (policial) tomó intervención ante el conocimiento de un hecho de sangre y los jefes dan una mano en el lugar. Así me acerqué al departamento. Observé la escena para poner en conocimiento al juzgado?”. – ¿Con qué se encontró?- le preguntó el fiscal Yapur. “La puerta del departamento estaba semiabierta. Era un departamento normal, pero la habitación estaba como toda desarmada. No se podía entrar, pero se alcanzaba a ver un colchón, que ocupaba casi toda la habitación, y debajo de él, un cuerpo, aunque no se lo veía entero. Había manchas de sangre en el piso y las paredes”, contó Maldonado. Recordó que entró al departamento con su colega del móvil y que detrás de ellos, a su turno y sucesivamente, fueron llegando la fiscalía y las divisiones de criminalística, el servicio de rastros, el personal de laboratorio, los médicos forenses. Contó que en el living habia una computadora PC y estaba encendida, “con chats abiertos”.

“Su falta fue de mucho impacto para la comunidad LGBT”

P. le alquilaba a Diana el departamento sobre la calle Rivadavia donde la mataron. Y fue también quien recibió un llamado del encargado del edificio diciéndole que hacia unos días no veía a Diana y había notado que la puerta del departamento estaba sin cerrar, con el marco apoyado. P. le describió al tribunal como aquel día, fue quien empujó la puerta de entrada y encontró un gran revuelo en la casa, “muchas cosas rotas”. La puerta del dormitorio estaba cerrada. “Golpeé, abrí, era una caos. Un colchón ocupaba todo y parecía estar tapando algo abajo. Los muebles estaban corridos de lugar, desquiciados. La parrilla de la cama estaba contra la pared. Había manchas de sangre y vidrios rotos por todos lados. Era como que habían hecho una montaña de cosas”. Al acercarse al colchoń, contó que llegó a distinguir los pies. Entonces decidió salir y llamar al 911. Recordó también que golpeó la puerta de nos vecinos y que le negaron el uso del teléfono. También habló de la militancia de Diana: si al fin y al cabo, las calles y las plazas y las marchas eran sus lugares de encuentro, lo que lxs unía y donde se habían conocido, mucho más allá de la relación que tenían por el alquiler, que Diana pagaba “cuando podía, pero nunca fue un problema”. P. también contó que Diana había hecho arreglos de electricidad y pintura en el departamento. P. sabía que Diana había sufrido ataques previos. “La encontré un día en Constitución, bajando de un patrullero. La habían llevado mientras esperaba el colectivo para ir al tratamiento de la Ley de Cupo laboral trans. Diana me dio la bandera de M.A.L. El año anterior  había tenido situaciones de violencia con la policía”. Su testimonio destacó el rol de Diana como defensora de derechos humanos: “Tras su muerte me sentí en shock durante un año. Su falta fue de mucho impacto para la comunidad LGBT. Nos falta su lucidez política, su forma concreta de buscar objetivos.Y ahora decimos: Llámame cuando llegues a casa, por temor, porque seguimos viendo estos crímenes de odio que aterrorizan”.

El vigilador del edificio

Leonardo Gabriel Vázquez, el siguiente testigo, hacía vigilancia en el edificio donde vivía Diana. Contó que vio a Diana por última vez el sábado 11 de octubre, cuando Diana bajó a abrirle la puerta a dos hombres, a las 20:30 y a las 22:30 hs, pero que jamás los vio salir. Vázquez señaló que uno de esos hombres, el último en llegar, fue “el señor”, dijo, en referencia al acusado sentado a pocos metros, Gabriel David Marino. “Vestía prolijo, lo había visto un par de veces antes. Diana saludó al señor con un beso en la boca”.

El vecino de abajo

Mariano Gabriel Martínez conocía a Diana “de los pasillos del edificio. Vivía en el piso de abajo, justo debajo de su departamento”.  En su declaración, el quinto testigo del día contó que en la madrugada del sábado al domingo, estaba durmiendo cuando “un golpe fuerte y seco lo despertó. Miré la hora en el conversor de la tele: eran las 3”. El vecino de abajo contó que a la mañana siguiente, “le pregunté a Gabi, el vigilador, si él había oído algo, pero me dijo que no”. La detención de Marino El comisario Ricardo Juri, jefe de operativos de la División de Homicidios de la Policía Federal al momento del crimen, contó cómo se fue consolidando la pista que condujo a identificar a Marino, junto con la fiscalía de Di Lello. Para los investigadores, dijo el testigo, la identificación del acusado fue perfilándose a partir de los testimonios que señalaron su relación con Diana. Aunque el circulo de Diana lo conocía con otro nombre diferente al real.  Por eso “en las declaraciones no surgía el nombre David”. Hasta que a través de los registros de las cámaras de la zona (donde aparecen dos hombres saliendo del departamento), escuchas telefónicas, análisis de perfiles de Facebook, cruces de llamadas y datos del Cenareso (Hospital Nacional en Red especializado en Salud Mental y Adicciones, donde Diana y Marino se conocieron) donde se pudo dar con él. Lxs testigxs siguientes fueron una pareja que presenció, a pedido de la policía, el operativo de detención de Marino y el allanamiento a su casa en Ituzaingó, de donde los investigadores se llevaron el cepillo de dientes, una campera y un sweater.

Los testigos que pasaban por ahí

Denis Rivero y Jean Paul Delacroix iban caminando cerca de Plaza Flores, cuando la policía los paró para ser testigos del procedimiento por homicidio en el departamento de Diana. Los amigos ayer dieron dos testimonios muy contundentes al tribunal. “Ni bien entré, vi desorden. La puerta estaba rota del lado de adentro. En el living, había un cuchillo ensangrentado en la apunta, abajo de una mesa. Era un cuchillo grande, como de cocina, una cuchilla. También había una cartera revuelta en la mesa, cosas tiradas en el piso. Pero recuerdo especialmente el cuchillo: son cosas que no se olvidan. En el dormitorio estaba el sommier tirado, las paredes manchadas de sangre. Levantaron y encontraron el cuerpo. Estaba atado de pies y manos, rodeado de sangre. Tenía por lo menos cinco heridas muy evidentes a primera vista, entre ellas, una puñalada arriba del ombligo”, dijo uno de ellos. También recordaron que ese día, la policía recogió varios preservativos usados en el baño y la basura de la cocina. Con estas declaraciones cerró, cerca de las cinco de la tarde, una audiencia larga y con testimonios coincidentes. La próxima será el lunes 26 de marzo, cuando se espera otra larga lista de testigxs: trece personas. Mientras tanto, afuera en la plaza frente a Tribunales el activismo siguió firme toda la tarde y convoca a acompañar el pedido de Justicia para el próximo 26 de marzo, en la tercera audiencia del juicio.    ]]>

19 de marzo de 2018

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