Susy Shock: “Todos los fracasos son por sostener lo binario”

Artista trans sudaca y colibrí, poeta, coplera, performer, docente, activista. Su frase “Reivindico mi derecho a ser un monstruo ¡Que otros sean lo Normal!” ya es bandera, remera y hasta cita de la teórica queer estadounidense Judith Butler.

29 de septiembre de 2017

Artista trans sudaca y colibrí, poeta, coplera, performer, docente, activista. Su frase “Reivindico mi derecho a ser un monstruo ¡Que otros sean lo Normal!” ya es bandera, remera y hasta cita de la teórica queer estadounidense Judith Butler. Por Paula Bistagnino 

Yo, reinvindico mi derecho a ser un monstruo

ni varón ni mujer

ni XXI ni H2o

yo monstruo de mi deseo

carne de cada una de mis pinceladas

lienzo azul de mi cuerpo

pintora de mi andar

no quiero más títulos que cargar

no quiero más cargos ni casilleros a donde encajar

ni el nombre justo que me reserve ninguna Ciencia (…) 

Fragmento de “Monstruo mío” (Poemario Trans Pirado, 2011)

 

-Artista trans sudaca, colibrí, monstruo, ni varón, ni mujer, ni XXY ni H20… ¿Cómo llegaste a ser Susy Shock?

-Soy una construcción que continúa mi propia historia: la historia del abrazo. Porque yo tuve una crianza abrazado por mi mamá y mi papá y eso es algo que me diferencia de mi propia comunidad, que es expulsada en la infancia, que es violentada en el propio hogar como primer lugar. Y ese abrazo que yo tuve significó, significa y seguirá significando que una puede ir construyéndose a favor de una misma, con el tiempo que va necesitando. Y no esa otra construcción que la hacés rápido, porque tenés que sobrevivir y necesitás un determinado cuerpo para negociar con este mundo adulto y sobrevivir. Y es en ese privilegio en el que yo me paro para discutir este mundo que estamos haciendo: para discutir el sistema hegemónico estamos construyendo, que nos expulsa, nos denigra, nos violenta y nos mata. Entonces yo sigo construyéndome. Porque, como diría Marlene Wayar, yo soy un gerundio. No soy un hecho acabado. Y no llegué a ser Susy Shock. Sigo construyéndome en Susy, desde Susy, hacia Susy.

-¿Qué fue primero: el arte o la identidad trans?

-El arte en mi caso vino de la mano del teatro a los 14 años. Tuve una adolescencia en la que ingresé en ese mundo… Sobre todo a un sector del teatro, que es el teatro independiente y activista, militante, muy político y muy soñador. Y eso también fue un privilegio, porque como adolescente estaba en un mundo de adultos que creían en serio que ensayar una obra durante un año era la posibilidad de cambiar el mundo, de revolucionarlo. Y criarme ahí adentro me dio la ventaja de entender que el arte es un arma gigante, potente, poderosa. No solamente de comunión sino de transformación. Y ahí también soy un gerundio entre el arte y la identidad trans.

-El año pasado editaste Crianzas, un libro de relatos que se definió como un intento de fundar una pedagogía travesti a la vez que denunciar la violencia sobre lxs ninxs trans. ¿Cómo nació y qué se propone?

-No es un libro sobre las infancias trans específicamente. Pero sí es un libro que intenta hablar de ese mundo hegemónico y de la violencia que produce: de cómo, cuando se encuentra con lo distinto, lo violenta, lo disciplina y lo castiga. Y en ese sentido habla más de todas las infancias, de todas las crianzas. Porque creo que nadie puede crecer sin un abrazo. Que implica no solamente que te abriguen para no tener frío y que te alimenten para no morirte de hambre, sino que también te den la libertad de vivir tu propia aventura. Porque cada niñito y cada niñita es la posibilidad de una nueva aventura. Que no te rompan las alitas, como diría Pedro Lemebel, antes de ser adulto. Con la activista travesti Marlene Wayar

-Estás de gira, sacaste otro libro, tenés película y disco… ¿Cómo es tu vida hoy?

-Mi vida es seguir andando, como los viejos chasquis de los pueblos originarios, que iban de pueblo en pueblo llevando noticias. Yo me siento una gran afortunada porque mi arte sea mirado, bienvenido, festejado y buscado en distintas partes del país y puntos del continente. Y viajo, pero viajar es sobre todo entramar vínculos e ir formando parte de una tribu que no tiene los límites que la geografía le ha impuesto. Que podemos estar en lugares distantes pero compartir pensamientos, deseos, sueños y luchas. Abrazando a las juventudes, sobre todo a las juventudes, que son las que me llevan y me reciben, y que quizá sean lo único en lo que creer a esta altura del partido.

-Tu activismo no es sólo por la diversidad: en 2001 ya andabas por piquetes y fábricas.

El activismo y el teatro fueron de la mano en mi adolescencia, porque así iban. Sobre todo en esa década del 90, de la impunidad, estuvimos en las calles multitudinarias peleando por lo que había que pelear: contra los indultos, contra la ley de Obediencia Debida, pero también por la Ley Nacional de Teatro, que fue una pelea de muchas décadas y que en los 90 conseguimos con mucha calle y organización. Así que ahí hay también una continuidad, porque de lo que se trata es de discutirle al poder y ver cómo metemos derechos y posibilidades de mejorar nuestros tránsitos. Y la lucha de hoy, de algunas poquitas de nosotras, es sostenernos en el fracaso para discutir todas las hegemonías, muchos de sus olvidos, muchos de sus desaciertos. Sentir que no estamos en la agenda emocional del país, y no sólo estoy hablando de (el presidente Mauricio) Macri. Sentir que nosotras tenemos también que ir deconstruyendo un camino: para entender que no tenemos nada y que, para encontrar eso que necesitamos, tenemos que refundarnos en una lógica que en general las hegemonías todas no intentan buscar. Tenemos activistas poco creativos, previsibles, muy ególatras y a nosotras nos matan y nosotras tenemos el desafío de primero construir el abrazo entre nosotras. Que no es tan fácil, que no siempre se logra y que no siempre es posible. Porque estamos lejos y porque somos estructuralmente pobres como para juntarnos todo lo que haría falta y tenernos cerca. La lucha es que nos vayamos corriendo cada vez más de lo binario. Todos los fracasos de este mundo son por seguir sosteniendo lo binario. Este mundo ya fue. Entonces una anda mirando qué pasa con las crianzas, qué pasa con el arte, qué pasa con las juventudes. Porque el resto da más penita que orgullo.   El viernes 6 de octubre, como todos los primeros viernes de cada mes desde hace ocho años, se presenta con su grupo “Susy Shock y la Bandada de Colibríes” en Casa Brandon a las 21.30. Luis María Drago 236 / 4858 0610 / info@brandon.org.ar]]>

29 de septiembre de 2017

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