El movimiento LGBTI en Chile después de Pinochet

En 1988, sin estar en la carpeta de interés inmediato de los partidos democráticos y en medio de un complejo contexto de negociaciones políticas entre civiles democráticos y militares golpistas, irrumpen las demandas del movimiento LGBTI.

11 de septiembre de 2017

Por Víctor Hugo Robles 

Foto: Iris Colil

Tras la derrota de Augusto Pinochet en las urnas, el 5 de octubre de 1988, surgieron nuevos horizontes políticos para el movimiento homosexual, lésbico y trans criollo. Se articula en este período de transición democrática una voz militante, activa y pública. Sin estar en la carpeta de interés inmediato de los partidos democráticos y en medio de un complejo contexto de negociaciones políticas entre civiles democráticos y militares golpistas, irrumpen las demandas del movimiento LGBTI.

Su importancia simbólica se expresó en la introducción del tema gay en el debate público nacional. La transición a la democracia en Chile representó un proceso que permitió no sólo la realización de elecciones libres que llevaron a Patricio Aylwin a la presidencia, sino que también favoreció la emergencia de utopías de transformación social como es la liberación de la homosexualidad en Chile. El diario La Tercera en un extenso reportaje de investigación, publicado el 11 de junio de 1993, calificó a la agrupación de los homosexuales chilenos como “los signos de la apertura” en Chile.

Un diagnóstico

Un taller sobre derechos civiles realizado el 28 de junio de 1991 en la Corporación Chilena de Prevención del SIDA, orígenes del Movilh Histórico, sirvió para realizar un primer diagnóstico sobre la discriminación que afectaba a homosexuales, lesbianas y trans en Chile. Después de acalorados debates ideológicos, los homosexuales presentes en el taller acordaron las principales problemáticas a enfrentar, entre las que figuraron: el rechazo social, la educación sexual represiva, las violaciones a la libertad individual, los problemas en el trabajo y las dificultades de acceso a la salud de personas viviendo con VIH/SIDA.

El diagnóstico además estableció los objetivos fundacionales del movimiento: “Organizar al homosexual, educar y crear conciencia sobre su realidad, crear una estrategia política para acceder a los medios de poder, propiciar los cambios, fomentar la libertad de expresión y tener un lugar físico para trabajar”.

Los fundadores del grupo gozaban de amplios acuerdos respecto de la discriminación que vivían. No obstante, aquello no significó la ausencia de diferencias ideológicas en un colectivo cuya composición era heterogénea. Desde el inicio participaron personas de distintos ámbitos: estudiantes, empleados, artistas, obreros y profesionales. La mayoría eran hombres gays, excepto Iris Colil, una fotógrafa que apoyó las actividades del naciente movimiento homosexual. Si bien la mayoría había participado de la lucha contra la dictadura cívica-militar de Pinochet, también hubo quienes manifestaban escaso o nulo interés en asuntos políticos.

Marcha por los Derechos Humanos

El 4 de marzo de 1992, organizaciones defensoras de los derechos humanos convocaron a una marcha en conmemoración de la entrega oficial del Informe Rettig, un documento elaborado por una comisión especial designada por el Presidente Aylwin, cuyo nombre se debió a Raúl Rettig, el fallecido abogado, presidente de esa comisión.

El objetivo del organismo era investigar las violaciones a los derechos humanos perpetradas durante la dictadura militar. Según afirma la periodista Alejandra Matus en su publicación El Libro Negro de la Justicia Chilena: “El Informe Rettig reconoció por primera vez la responsabilidad de agentes del Estado en las violaciones a los Derechos Humanos, provocando un agudo conflicto entre los poderes Ejecutivo, Judicial y las Fuerzas Armadas”.

El Movilh Histórico vislumbró la ocasión histórica de sumarse a otras luchas sociales, acordó salir a la calle y participó del mitin. En esa oportunidad se presentaron alrededor de diez homosexuales enmascarados, vestidos de riguroso luto y portando un lienzo que rezaba: “POR NUESTROS HERMANOS CAÍDOS. MOVIMIENTO DE LIBERACIÓN HOMOSEXUAL”. Pese a que se ubicaron al final de la marcha, a la cola de la izquierda, las reacciones no se hicieron esperar. Asombro en la mayoría, expresiones de simpatía entre las mujeres y deseos de otros de marchar lejos de los homosexuales.

Juan Pablo Sutherland, escritor y dirigente del Movilh, explicó los motivos de la presencia gay en la marcha en entrevista a la desaparecida revista El Canelo: “Participamos porque teníamos la necesidad de decir una palabra como movimiento social frente a una problemática que está directamente ligada a la realidad homosexual: El respeto a la dignidad y a los derechos de la persona humana”.

La importancia simbólica de ubicarse a la cola, como una especie de última lucha, unido al hecho de surgir en un período de negociaciones políticas entre civiles y militares, reforzó el sentimiento de asombro que produjo en la escena pública la defensa de una sexualidad sancionada. Según lo expresó el psicólogo del Movilh Histórico, Jorge Pantoja, durante el primer seminario sobre sexualidad y homosexualidad, realizado en la Universidad de Santiago de Chile en octubre de 1994: “A través de la participación de los homosexuales en esta histórica marcha, el movimiento fue capaz de encauzar demandas nacidas de lo privado hacia un espacio político público, un espacio que se encontraba en pleno auge debido al retorno a la democracia”.

*Extracto de “Bandera Hueca. Historia del Movimiento Homosexual en Chile” de Víctor Hugo Robles

 

11 de septiembre de 2017

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