Políticxs afuera del clóset: entrevista a Alberto de Belaunde

Tiene 31 años, es abiertamente gay, y es congresista de Peruanos Por el Kambio. Acaba de publicar “Más allá del arcoíris”, un libro que reúne entrevistas a líderes LGBT de toda América Latina. Belaunde dice en esta entrevista que estamos viviendo un momento inédito en la región, pero, citando a Lemebel, dice: “No basta con ser gay, hay que ser gay y algo más”.

6 de septiembre de 2017
Tiene 31 años, es abiertamente gay, y es congresista de Peruanos Por el Kambio. Acaba de publicar “Más allá del arcoíris”, un libro que reúne entrevistas a líderes LGBT de toda América Latina. Belaunde dice en esta entrevista que estamos viviendo un momento inédito en la región, pero, citando a Lemebel, dice: “No basta con ser gay, hay que ser gay y algo más”.

Por Esteban Marchand, desde Lima 

Fotos: E.M 

A Alberto de Belaunde nunca le preguntaron por televisión nacional si era homosexual cuando se encontraba haciendo su campaña para llegar al Congreso por el partido Peruanos Por el Kambio. En julio de 2016, con sólo 30 años, se juramentó como padre de la patria y se convirtió en el segundo parlamentario abiertamente gay en llegar al Congreso. Sabía que no podía ser el único y entonces se puso a indagar. No sólo en Perú pero también en Venezuela, Chile, Bolivia, Argentina, Uruguay y Guatemala. Así nacía “Más allá del arcoíris”, una publicación que reúne entrevistas a líderes LGBTI de esos países.

– ¿Por qué decidiste hacer este libro?

– El libro nace de una manera anecdótica: en una entrevista un grupo de estudiantes me preguntó qué se sentía ser de los primeros congresistas gays de América Latina. No lo había pensado y ni siquiera estaba seguro de que el dato fuese cierto. Luego de la entrevista me puse a investigar y me di cuenta que vivimos en un momento bastante particular en América Latina en donde somos muchas las autoridades abiertamente LGBT y en puestos no solo públicos si no de elección democrática. Me parecía interesante poder documentar este momento inédito en la historia de la región.

– ¿Cubriste todos los de la región o te faltaron algunos?

– No, por temas logísticos. Yo tenía identificados 20 pero los 13 entrevistados aportan un enfoque distinto que enriquece bastante la mirada colectiva del libro.

– ¿Crees que el ser LGBTI es garantía de ser un buen político?

– No. Hay una frase de Pedro Lemebel que cito en el libro que es: No basta con ser gay, hay que ser gay y algo más. Algo que cuidé mucho a la hora de seleccionar a los 13 entrevistados es que quería gente que, más allá del dato común de ser abiertamente LGBT, tuviese una línea coherente de trabajo público y un compromiso con la causa particular de los derechos humanos que se vea bien reflejada en otras causas. Me hubiera parecido muy incoherente entrevistar a alguien que es abiertamente LGBT pero vota en contra de los temas de derechos humanos o tiene una posición anti derechos reproductivos de las mujeres.

– Sin embargo Luisa Revilla apoyó abiertamente a Keiko Fujimori en la campaña y está incluida en tu libro.

– Yo me he centrado mucho en ver cómo Luisa se ha desarrollado como autoridad y he encontrado una línea de coherencia e intento de articular con los movimientos LGBT más organizados en su función como concejal. Además del hecho de ser la primera autoridad trans en un distrito de bajos recursos en una provincia de Perú. Creo que eso ya de por si hace que sea un personaje interesante.

– ¿Cómo explicas esta suerte de doble presión por destacar al tener “la carga” de ser políticos LGBT?

– Creo que le da mucha fortaleza a la idea de la representación y a la vez te obliga a lograr un balance porque finalmente no es el único punto de tu agenda pero tienes que ser siempre consciente de que estás representando a una población en particular que ha sido excluida de espacios formales en el Estado durante mucho tiempo. Es sin duda un reto.

– ¿Cuál de las diversas agendas que muchas veces no están estrictamente relacionadas a temas de derechos humanos te sorprendió más?

– El ejemplo de Tamara Adrián (Venezuela) es súper interesante porque ella, al ser un referente de temas jurídicos en hidrocarburos, hace que la vean como autoridad en esos temas y a su vez eso hace que en los otros temas la escuchen.

– Y su manejo de la agenda de derechos humanos es impecable.

– Es muy amplio y muy rico. Y lo mismo pasa con Manuel Canelas (Bolivia), porque además él cumple un rol bisagra. Está absolutamente comprometido con el Movimiento al Socialismo (MAS) pero por su background familiar y social tiene diálogos con grupos de la oposición. Esa legitimidad que gana en ese tipo de roles también le da legitimidad, espacio y oxígeno político para tocar temas como la ley de identidad de género.

– Canelas mencionan que el tema de la discriminación se entiende cuando se plantean situaciones cercanas como la discriminación a los indígenas.

– Yo le mencioné que ellos empezaron por el tema más difícil qué es explicar a los políticos los temas de género. Unión civil o una ley de crímenes de odio son finalmente situaciones más cercanas. Le pregunté: ¿cómo lograste que un Congreso conservador entienda este tema? Ahí él me habla de la mirada desde la exclusión. Eso es súper interesante cómo una opción de estrategia aquí en el Perú.

“Somos una sociedad profundamente discriminadora. Cualquier tipo de discriminación está presente en la sociedad peruana: machismo, racismo, clasismo, xenofobia. No solo somos una sociedad que es víctima de discriminación sino que las propias víctimas en otras situaciones también son victimarias”.

– ¿Cómo crees que se podría hacer esa conexión en un Congreso como el de Perú?

– Puede ser una oportunidad para hablar de este tema. Somos una sociedad profundamente discriminadora. Cualquier tipo de discriminación está presente en la sociedad peruana: machismo, racismo, clasismo, xenofobia. No solo somos una sociedad que es víctima de discriminación sino que las propias víctimas en otras situaciones también son victimarias. Es una relación compleja de discriminaciones y creo que todo el mundo en el Perú en algún momento ha sido discriminado. Y todo el mundo en el Perú puede hablar de cómo se sintió en ese momento de discriminación. Si logramos crear este puente de empatía entre el momento de cómo te sentiste cuando te discriminaron para que se entienda cómo se siente la población LGBT, tal vez podamos lograr mayores avances.

– Cómo se podría lograr ese puente?

– De mi experiencia en este año en el Congreso yo te diría que hay un sector muy en contra; un sector, más pequeño, muy a favor y en el medio hay personas a las que el tema no les es prioritario y que ahorita muchos de ellos están tomando una posición que consideran que es mayoritaria en la sociedad pero que reflexionando y conversando con el tema si pueden tomar un posición militante y más moderada sobre esos temas.

– Hay una pregunta que le haces a la mayoría de tus entrevistados y ahora te la hago a ti. ¿Te has sentido cuestionado en el Congreso por tu orientación sexual?

– No, pero sí hay el intento de descalificarme diciendo que soy un congresista de un solo tema, que además dedico buena parte de la introducción de mi libro a defenderme de ese ataque, si lo fuese bien por mi porque finalmente cumplo un rol de representación pero no es cierto. Lo que se intenta es encasillar para caricaturizarme y al caricaturizarme tienes un interlocutor al cual ya no tienes que responderle. Esa es la estrategia a la cual hay que enfrentarse.

– ¿Crees también que la ausencia del Estado ha ayudado a la proliferación del crecimiento de los grupos religiosos conservadores como lo plantea Sandra Morán (Guatemala)?

– Me pareció una hipótesis interesante y provocadora. Si es cierto que cuando uno se encuentra en una situación de necesidad acude a aquel circulo o grupo social que le pueda brindar algún tipo de protección o de certeza. Puede haber una conexión entre el nivel de religiosidad y las fallas del Estado. Habría que estudiarlo más pero no me parece una propuesta descabellada.

– Se aplica perfectamente en el Perú.

– Así es y normalmente mientras más conectado y desarrollado está un determinado grupo de la sociedad, esos temas son más fáciles de digerir. No solo aquí si no en varios países.


– ¿Cómo reaccionabas cuando varias autoridades te aseveraron que el argumento de la ‘ideología de género’ está en toda la región?

– Por un lado, no te sientes tan solo. Pero por otro lado lo que nos muestra es que no es un fenómeno que se va a ir, por el contrario se va a seguir fortaleciendo y articulando en el tiempo. Pero también hago una reflexión, que es una mirada optimista y es que hace 20 años ese movimiento no hubiese sido necesario porque era el status quo. No era necesario defenderse porque nadie lo cuestionaba. Ahora se sienten amenazados y eso es una muy buena noticia.

Cuando uno ve a la población trans y el lugar que se le da a su agenda en las discusiones que tenemos en distintos espacios gays o lésbicos, te hace preguntarte ¿realmente somos un comunidad?”

– ¿Crees que somos una comunidad LGBT o solo una población LGBT como menciona Jaime Parada?

– Yo siento que puede tener razón. Cuando uno ve a la población trans y el lugar que se le da a su agenda en las discusiones que tenemos en distintos espacios gays o lésbicos, te hace preguntarte ¿realmente somos un comunidad? ¿Realmente hemos hecho nuestra la situación de absoluta vulnerabilidad que tiene la población trans? O cada uno mantiene su propia mirada dentro del tema.

– E incluso dentro de gays blancos, cholos, pobres y ricos…

-Y por eso a mi me incomoda un poco cuando algún periodista me pregunta si he sufrido algún tipo de discriminación a lo largo de mi vida. Toda persona abiertamente gay puede señalar que en algún momento se ha sentido discriminado y eso lo convierte en una especie de poster boy de la discriminación y no es lo mismo ser un congresista miraflorino gay con todo lo que eso implica en nuestro país que el haber nacido en una zona pobre, ser gay y afro. No se comparan las situaciones de discriminación. La discriminación es interseccional.

– Tras conocer las opiniones de las autoridades que entrevistaste. ¿Qué lograron aportar los debates de temas LGBT en los países de América Latina?

– Lo que siento del libro es que claramente es un proceso irrefrenable. Estamos en el lado correcto de la historia y que la pregunta no es si sucederá o no esos cambios sino la pregunta es cuándo. Y esperemos que sea lo más pronto posible.

– ¿El machismo aún prolifera en el sector político al haber menos mujeres lesbianas y trans en cargos públicos?

– Eso le pregunté a un par de entrevistados porque lo noté desde el comienzo. Fui consciente de que no termine siendo un libro de un hombre gay entrevistando a un montón de hombres gays, invisibilizando al resto del colectivo. Pero lo cierto es que hay un grupo mucho mayor y se explica sin duda porque las situaciones de discriminación no son solo una. Y las oportunidades de participación política están atadas a la educación y formación política que ha tenido cada uno.

Hay un colectivo que no cuenta con ningún representante político que yo haya podido identificar que es el de los hombres trans. Hay más representantes que son mujeres trans que hombres trans y no tengo una explicación para ello pero me pareció interesante de anotar.

“No es lo mismo ser un congresista miraflorino gay con todo lo que eso implica en nuestro país que el haber nacido en una zona pobre, ser gay y afro. No se comparan las situaciones de discriminación. La discriminación es interseccional”.

Finalmente, ¿Crees que se vienen buenos tiempos en la Comisión de Justicia?

 

– Lo intentaremos, sin lugar a duda. No solo para la comunidad LGBT, también para las personas con discapacidad que esperan hace mucho tiempo que se reforme el código civil en el capítulo de capacidad jurídica. Se viene también mejores tiempos para la tutela de los derechos de las mujeres. Y en general para algo que creo que beneficia a toda población vulnerable del país que es la reforma del sistema de justicia.

6 de septiembre de 2017

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