Un hogar para dar abrigo y contención a personas LGBTI

 En Tandil, provincia de Buenos Aires, funciona desde marzo el hogar para personas LGBTI Patricia Rasmussen. Es un proyecto autogestivo que se creó para para contener a jóvenes expulsadxs por sus familias o que llegan de otras ciudades, pero también a adultxs que están solos.

8 de agosto de 2017

 En Tandil, provincia de Buenos Aires, funciona desde marzo el hogar para personas LGBTI Patricia Rasmussen. Es un proyecto autogestivo que se creó para contener a jóvenes expulsadxs por sus familias o que llegan de otras ciudades, pero también a adultxs que están solxs. Por Luciana Caminos  Cuando Gustavo Pernicone (52 años) le contó a su padre que era bisexual,  recibió como respuesta: “Prefiero un hijo muerto antes que puto”. Así tuvo que dejar su casa, durmiendo por un tiempo en la calle y, luego de poder reconstruirse gracias a la ayuda de algunas personas, prometió hacer todo lo posible para ninguna otra persona atraviese esas circunstancias. Por eso impulsó la creación de un hogar de contención para personas LGBTI de Tandil con el apoyo de la ONG Convivencia en Diversidad. “Además de que te dejen en la calle, lo más grave es la exclusión del seno familiar. Eso te lleva a la depresión, la persona se quiebra desde joven y ese daño es casi irremediable”. El hogar lleva el nombre de la activista trans Patricia Rasmussen en homenaje a la lucha de la referente de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros (ATTTA) por los derechos de sus compañeras. La casa tiene cuatro habitaciones para alojar a quienes lo necesiten y una línea telefónica que atiende las 24 hs. para casos de emergencia. Gustavo cuenta que hace poco desalojaron a una chica trans de una pensión y quedó alojada allí, hasta que pudieron conseguir un subsidio. Porque también el equipo del refugio se encarga de hacer el seguimiento de los temas particulares para encontrar una solución.

Pocos espacios para personas LGBT

La idea del hogar arrancó en 2015, cuando nació la asociación Convivencia en diversidad de Tandil para visibilizar los temas LGBTI en la ciudad. Ese mismo año, lxs activistas fueron convocadxs por la Secretaría de Extensión de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires para organizar un taller LGBT. “Logramos que vayan setenta personas, que para Tandil fue un hito histórico”, cuenta Gustavo. Y agrega: “Empezamos con actividades de difusión y la gente empezó a acercarse. Venían a las actividades a tomar mate, a compartir una tarde, una cena, pero quedaba ahí. Seguimos trabajando y a fin del año pasado largamos la casa de contención que empezó a funcionar recién en marzo. Vemos que en cada lugar de la Provincia que vamos la temática es la misma: las personas LGBT no tienen espacios donde estar dentro del colectivo”. El refugio abre todos los días de la semana, de cuatro de la tarde a cuatro de la mañana. Unas 80 personas se acercan a la casa y hay un grupo estable que va todos los días después del trabajo o de estudiar. Llegan a partir de las seis o siete de la tarde, toman mate, miran una novela de la tele o una serie de Netflix, leen o juegan a las cartas y después cenan. “Convivimos como si fuera una relación familiar”, cuenta Gustavo.

El grupo que contiene

El equipo de la casa está compuesto por un grupo de activistas que promedia los veinte años y que se turnan para cocinar, limpiar y atender las demandas de quienes se acercan. Daniel (20 años) es oriundo de Santa Teresita. Es gay y estudia administración de empresas. Vive en la residencia de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires y todos los días recorre a pie o en bicicleta más de 80 cuadras para llegar al refugio. “En la facultad no conozco a nadie, me siento aislado y vengo acá porque me siento contenido. Al tener una familia tan grande –aclara que son siete hermanos – necesito rodearme de mucha gente para sentirse como en casa”, dice. Ayelén (23) es lesbiana y hace meses llegó desde de Mar del Plata siguiendo a su pareja que estudia en Tandil. “Al principio iba esporádicamente y a medida que fui conociendo al grupo me fui sumando, sobre todo a la noche. Nos juntamos a cenar, a compartir un rato. Es algo muy familiar”, cuenta. Nahara (21) es trans y oriunda de Benito Juárez. Es bailarina y estudia para ser personal trainer. Cuenta que le costó mucho encontrar su identidad. “Los chicos del refugio me ayudaron a definir mi identidad trans y también a soltarme. Era muy reservada y acá encontré un espacio para ser yo misma”.

La soledad de lxs adultxs

Otra situación que no se visibiliza es la soledad de lxs adultxs LGBT:  “Lejos de lo que podría pensarse, al hogar acuden más personas grandes que jóvenes. El adulto que perdió a sus padres y no formó una familia se queda prácticamente solo, porque la mayoría de la gente de su edad no lo acepta. Entonces empieza a extrañar algo fundamental: el vínculo con el otro”, dice Gustavo.

Un proyecto autogestivo

La casa es un proyecto autogestivo. “Hacemos un esfuerzo gigante -dice Gustavo-. Nos sustentamos con cuotas sociales, donaciones de que tiene onda gente y trae yerba, azúcar o comida y del aporte que hace cada integrante. No tenemos apoyo estatal. En este momento tenemos una deuda de cera de 30 mil pesos entre servicios y alquiler. Hay un activista que gana 1600 pesos por mes y vive en la otra punta de la ciudad, y dos veces por semana se viene caminando para dar una mano”. Dentro del refugio, en horario comercial, funciona una imprenta. Se trata de un emprendimiento con aporte del Fondo Semilla del Ministerio de la Producción que se gestionó para insertar en el mercado laboral a personas del colectivo LGBTI. El hogar funciona en Chacabuco 392 de 14 a 4hs. Por casos de emergencia te podés comunicar al 0249 154689601 durante las 24 Hs.   ]]>

8 de agosto de 2017

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