Ser trans y vivir en la calle: una realidad que multiplica las violencias

Yahajaira Falcón es militante por los derechos humanos y, desde hace dos años, funcionaria del Ministerio Público de la Defensa de la Ciudad de Buenos Aires. Nos cuenta su experiencia ocupando un cargo público, analiza la realidad de trans y travestis en riesgo habitacional y cómo se rearma el colectivo ante el recrudecimiento de la represión policial.

25 de julio de 2017

Yahajaira Falcón es militante por los derechos humanos y, desde hace dos años, funcionaria del Ministerio Público de la Defensa de la Ciudad de Buenos Aires. Nos cuenta su experiencia ocupando un cargo público, analiza la realidad de trans y travestis en riesgo habitacional y cómo se rearma el colectivo ante el recrudecimiento de la represión policial. Por María Mansilla Fotos: Ariel Gutraich  Yhajaira Falcón dice que si no camina por la calle no se siente bien. Esa pulsión militante le da más sentido a su trabajo como funcionaria del Ministerio Público de la Defensa de la Ciudad de Buenos Aires, organismo que procura facilitar el acceso a la justicia de la población más vulnerable. Junto a sus compañerxs de equipo reciben cada planteo -tramitación de DNI, pedido de subsidio habitacional, violencias-, se miran y saben qué diagnóstico merece esa necesidad, cómo intervenir, la responsabilidad y reparación de hacerlo en nombre del Estado. Escuchan los casos que dan carne a denuncias como las presentadas ante la CEDAW, sobre la situación de personas trans y travestis en la Argentina, y el Comité de Tortura de la ONU, que llama así, tortura, a los abusos policiales hacia este colectivo. Es venezolana y vive en la Argentina desde 2004. Fue una de lxs 431 colaboradorxs que realizaron el primer Censo Popular de Personas en Situación de Calle, un trabajo que realizó el organismo donde trabaja junto a unas 40 organizaciones sociales.

– Según el Censo, el 1% de las personas en situación de calle son travestis y trans.
– Puedo asegurar que son más. Lo veo. Yo camino por la ciudad a diario porque soy militante. El día que no camino no me siento bien, estoy incómoda conmigo misma. Ahorita quedaron en la calle las compañeras que vivían en el hotel Santa Cruz: la policía les tiró 50 bolsas de merca. ¿A dónde van a ir? Hoy parece que todas las travas son narcotraficantes porque la policía para sacarnos de la calle, como no es contravención, te inventa causas. En todos estos años que llevo acá a mí me han detenido tres veces. He sido tan peligrosa para la policía que me han armado causas y me han mandado a la cárcel de máxima seguridad de Ezeiza. Soy una chica trans peligrosa para el Estado porque lo que les conviene es que nosotras no peleemos por nuestros derechos. Dicen que si hay gente en la calle es porque quiere. No seamos ignorantes… Los hoteles pueden cobrar $220 diarios y no tienen agua caliente, no tienen luz, y así tienen que vivir las compañeras. Si vas a una inmobiliaria tampoco te van a alquilar porque no tienes recibos de sueldo ni garantía.

“DISCUTO CON LA POLICIA EN TERMINOS LEGALES”

Yhajaira Falcón tiene un backup en papel: tres, cuatro cuadernos y libretas con las hojas gastadas por ser siempre recorridas con urgencia: ahí atesora los teléfonos de su red trava. Tiene buena vista de lejos: desde su oficina detecta quién está dudando entrar. Entonces se acerca a la puerta de vidrio, abre, invita. “Acá todos los días viene gente diferente, viene un problema nuevo”, dice. Falcón guarda siempre ese plan B en la cartera porque no todas las consultas llegan horario de oficina. Tampoco es que viva perdiendo el celular sino que muchas veces se lo punguea la policía. Y ella nunca fue de lxs que salen corriendo, ni tuvo por qué. – El censo popular también confirmó que la violencia que más se recrudece en situación de calle es la institucional, ejercida por las fuerzas de seguridad. – Yo me conozco todas las leyes de este país, la que me digas me la sé de memoria. Y discuto con la policía con los términos legales. A ellos les da un odio que les discuta… Me insultan, me dicen puto migrante infeliz que venís a comer la comida de mi país. Y yo les contesto “no me estoy comiendo nada, el artículo tal establece que tengo los mismos derechos que tú”. Y voy grabando con el celular y lo voy mandando a la gente, y cuando logran sacarme el teléfono ya mandé todo. Lo hacen para quedarse con los 2,50 que te has rebuscado en esa noche. O sea que tienes que tolerar el frío, el maltrato, revolcarte con alguien que no te gusta ni te hace sentir nada para pagar una cuota a un policía. Es un maltrato físico y psicológico, porque no creas que nada más te meten miedo, cuando las compañeras no acceden las cagan a palos.

“CORREMOS ADONDE HAGA FALTA”

Comenzó a militar en su país, Venezuela. Con sus compañeras de la organización Trans Género se reunían en la Plaza Miranda de Caracas para ver cómo salir adelante. En esos años le dieron 13 tiros (“Que me disparen ya era parte de mi vida. Cada tanto decía: ¡Qué raro que no me han tiroteado este mes!”). Vino a la Argentina en 2004, becada para participar de un taller sobre derechos humanos, y se fue quedando. Siguió militando -pasó por Putos Peronistas y por organizaciones a favor del aborto legal, seguro y gratuito-. Pudo dejar de prostituirse porque sintió que ya fue, que nunca le gustó, que se trató de una etapa “muy quemada”. Es escultural, simpática, picante, guerrera, liada, linda, firme. Atiende cada caso compenetrada como si fuera el único. “Hasta vienen compañeras a pedir una copia de la Constitución Nacional, yo les subrayo los artículos que tienen que conocer.” Desde hace dos años, Yhajaira ocupa este escritorio que tiene detrás la bandera del orgullo y encima formularios de atención al público, el imán de una panadería del barrio (Constitución), su paquete de Viceroy y una varita mágica de cotillón que usa al terminar cada trámite como señal de buen augurio ante los molinos de viento.
– Ustedes realizan talleres de autocuidado. ¿Qué herramientas comparten?
– Junto con AMMAR (Asociación Mujeres Meretrices de la Argentina) armamos una red con números para llamar en casos de emergencia, y también corremos adonde haga falta. Contamos con organizaciones como Diversidad en Acción, con el área de Género de este Ministerio, y el compañero que siempre nos da una mano es Luis D´Elia. A la hora que sea, adonde sea, voy. Muchos policías todavía no saben que yo trabajo acá. Me dicen de todo, y cuando les doy la credencial me empiezan a tratar de señorita.
¿Van a ir al Encuentro de Mujeres Nacional de Mujeres en Chaco? ¿Les parece un buen espacio?
Sí, vamos siempre que podemos. Este año no sé cómo haremos para costear el viaje, si a la mayoría de las compañeras apenas les alcanza para pagar una habitación y comer bien. Si es cerca sí, vamos muchas.
– ¿Hay un Mercosur del colectivo LGBT, pese a las distintas realidades?
Si, se acercan a la Argentina, nos consultan, porque aquí tenemos experiencias pioneras. Así todo, la situación esta complicada, y no solo a nosotras nos están quitando derechos. Algo en común en toda la región es que muchas organizaciones buscan su beneficio propio y se interesan muy poco por el colectivo. Así de simple.
– Trabajás en una institución pública, tendrás acceso a la obra social del Estado. ¿Recibís la atención garantizada por la Ley de Identidad de género?
– ¡Jaaaa! Yo me atiendo en los hospitales. Con la obra social es difícil, a muchas personas les cuesta entender que yo esté sentada acá. En sus mentes, este puesto debería ser de uno de ellos. Pero seguro que no sabrían qué hacer. Es un puesto con mucho camisón para Petra porque para estar aquí tienes que haber vivido esta cruel realidad que vivimos todas nosotras, porque no es nada fácil. Nos maltratan desde siempre. Si hasta para estudiar tienes que ir a Travestilandia, porque nos arman colegios para travas. Ser trava no es nada fácil pero yo estoy feliz de serlo y si me dicen vuelves a nacer yo quiero ser la mismita que soy hoy.  ]]>

25 de julio de 2017

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