Pobre, gay y periférico: la historia de Luis, "muerto por la indiferencia"

Luis Martínez murió el 25 de junio, tras haberse tirado de uno de los puentes de la autopista Rosario - Buenos Aires. Era hermano del futbolista de la selección argentina, Ángel Correa. Los medios relacionaron su muerte con el narcotráfico, "no les importó que Luisito se haya tirado de un puente harto de mendigar el cariño que su familia no le daba por el mero hecho de ser él mismo".

Luis Martínez murió el 25 de junio, tras haberse tirado de uno de los puentes de la autopista Rosario – Buenos Aires.  Era hermano del futbolista  de la selección argentina, Ángel Correa. Los medios relacionaron su muerte con el narcotráfico, «no les importó que Luisito se haya tirado de un puente harto de mendigar el cariño que su familia no le daba por el mero hecho de ser él mismo». Por Santiago Apezteguia*,  desde Rosario. Luiyi, como era conocido en el barrio, tenía 25 años y varios hermanos, entre ellos el futbolista Ángel Correa, jugador de la de la Selección Nacional Argentina y del Atlético de Madrid (España). Ser hermano de Ángel fue razón suficiente para que su muerte sea noticia. Pero función de su hermano, y de lo que su hermano y su familia querían que se supiese. En los medios trascendió que Luis “fue hallado muerto en su casa”, que “su muerte estaría ligada a un hecho relacionado con el narcotráfico y con la banda narco rosarina de Los Monos, que “los motivos de su muerte no estaban del todo claros”, y que “los investigadores estaban siguiendo pistas”. Pero los vecinxs del barrio Las Flores, que conocían perfectamente su dolor, sabían que Luisito -como también lo llamaban- había tomado la decisión de quitarse la vida, presuntamente a causa de la constante indiferencia y discriminación por parte de su familia. Todxs coinciden en que Luis siempre fue la «oveja negra», a pesar de que él estaba desinteresado en el dinero y la fama de su hermano Ángel. Pero además no ponía recaudos en expresar abiertamente su sexualidad disidente. No le importaba lo que pensaran de él. Luis Martínez falleció en el Hospital Centenario de Rosario. Fue en la madrugada del domingo 25 de junio, luego de haberse tirado desde uno de los puentes de la Autopista Rosario – Buenos Aires, a metros de la casa donde vivía, en el Barrio Las Flores de la ciudad santafesina. Luis Martínez. En una fotografía que circula en las redes, puede verse el cuerpo a un costado de la ruta, mientras es asistido: “Detrás del cuerpo, a unos 100 metros se puede ver la casa de la madre, pero a él nadie lo nadie lo vio. Los médicos sostienen que debe haber estado tirado cerca de una hora, hasta que el personal de una ambulancia que por casualidad pasaba por ahí notó la presencia del cuerpo y frenó para darle primeros auxilios” relató -quebrada- una de sus amigas, señalando la invisibilización a la que fue sometida no solo la vida de Luis, sino también su muerte.

«Falta de cariño: una combinación perfecta para ser discriminado»

“Lo que nos queda es esa gran alegría que él transmitía. Era una persona con un corazón gigante, un gran compañero. Le encantaba bailar y joder. Se iba a todos los castings de los realities  Gran Hermano, ‘El Bailando’, ‘El “Cantando’ -cuenta su amiga de toda la vida, mientras entre lágrimas suelta una risa recordando su afán por resaltar-.  Y agrega: «Se sabe que su hermano movía contactos para que no lo llamen, quizá no quería que la gente sepa que tenía un hermano gay y que además tenía una forma de ser que lo hacía resaltar en cualquier lado. Parecía que les daba vergüenza su forma de ser. Creemos que él se refugió en la droga por la falta de cariño de sus hermanos, entonces era la combinación perfecta para ser discriminado: gay y adicto, además que su forma de ser tan extrovertida también molestaba”. Luisito no tenía ningún vínculo con la banda de Los Monos, ni con el narcotráfico. No fue encontrado muerto en su casa. No “cayó” de un puente. Luisito no “falleció”. Las causas de la muerte del “hermano de Ángel Correa” no se desconocieron ni siquiera cuando estaba vivo. Durante dos o tres días, hubo fuertes discusiones en el entorno de Luis entre quienes intentaron disfrazar el hecho, y quienes lograron, finalmente contar su historia, entre ellos su madrina, vecinos y vecinas, amigos y amigas de su infancia.

Lo que a nadie le importó

A Luisito lo mataron. Y lo mataron varias veces. Lo mataron hasta después de muerto. Distintos portales de noticias locales y nacionales contaron  el hecho en las secciones de Deportes. A los medios de comunicación que cubrieron el hecho, sólo les importó que haya muerto el hermano de un importante jugador de fútbol, pero no les importó que Luisito se haya tirado de un puente harto de mendigar el cariño que su familia no le daba por el mero hecho de ser. Lo volvieron a matar cuando intentaron ocultar la historia, la identidad y el dolor que Luis expresaba minutos antes de tomar la decisión de quitarse la vida en un audio desgarrador en el que se despide de sus amigos y amigas. La muerte de Luis es otra muerte en manos de una sociedad que mira para otro lado, una sociedad a la que le importa más la fama, el fútbol, el éxito, “la familia” que el sufrimiento de quienes no encajan en esos moldes. La muerte de Luis nos conmovió a todxs quienes celebramos la diversidad, a quienes reivindicamos el derecho simplemente a ser y a vivir libremente. Ojalá que Luis sea el último. Que podamos forjar una sociedad que deje de matarnos por nuestros géneros y nuestras sexualidades. Y que Luis sea recordado, no por ser el hermano de Ángel Correa, si no por haber sido quien es: Luisito, pobre, gay y periférico, asesinado por la sociedad, muerto por la indiferencia. * Estudiante de la carrera de Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Nacional de Rosario.]]>

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