Cómo convertirte en artivista: Lisa Kerner, de Casa Brandon

Lisa Kerner es una de las mentoras y anfitrionas de Casa Brandon, coordenada crucial del artivismo LGBTIQ en la Ciudad de Buenos Aires. Su muestra-instalación ‘Todo liso, mi familia yo-yo’ recorre su propia biografía en piezas, dibujos y pinturas, y puede verse en el Centro Cultural Ricardo Rojas.

6 de junio de 2017

Lisa Kerner es una de las mentoras y anfitrionas de Casa Brandon, coordenada crucial del artivismo LGBTIQ en la Ciudad de Buenos Aires. Su muestra-instalación ‘Todo Liso, mi familia yo-yo’ recorre su propia biografía en piezas, dibujos y pinturas, y puede verse en el Centro Cultural Ricardo Rojas. Por Lucas Gutiérrez, desde Buenos Aires Fotos: Ariel Gutraich y Alejandra del Castello/Centro Cultural Rojas El jopo rubio, los lentes, los tatuajes y un cuerpo eléctrico siempre activando. La que avanza es Lisa Kerner, una de las creadoras del centro cultural LGBTIQ ‘Casa Brandon’. Ahí la podemos encontrar curando y organizando actividades culturales que empoderan el artivismo. Activista y artista plástica, inauguró su muestra ‘Todo Liso, mi familia yo-yo’ en otro espacio, el Centro Cultural Ricardo Rojas. Un recorrido autobiográfico donde cada pieza de la muestra habla de un recorrido, de una Lisa con relieves y hechos que la traen a este presente. Toda Lisa.

“Yo quería ser Charles Ingalls, no Laura”

Sobre la pared del Centro Cultural Ricardo Rojas vemos la chapita de revisación médica para colgar en la mallita de dos piezas, juguetes y tapitas, la goma para borrar tinta y lápiz. Universos encerrados por tema específico en cajitas vidriadas que permiten espiar la Lisa niña. “Yo quería ser Charles Ingalls, no Laura”, dice Lisa. Y cuelga una imagen de la familia Ingalls donde Charles no es Charles, es Lisa. Y en otra vemos a Tarzán pero no es Tarzán, es Lisa. Las masculinidades alfa, protectoras de su clan, son ella. Lisa solía dibujar mientras miraba todas esas series en la tele: “Dibujar fue la manera que encontré de no aburrirme nunca”, explica. Lisa como versión de la tira de Quino, Mafalda, pregunta y reniega, se amarga y aprende.  “Yo no sentí hostilidad del mundo por ser torta, yo me sentía diferente o queer. Ahora puedo decir queer, esa palabra me va en muchos aspectos. No tiene que ver solamente con la orientación sexual, tiene que ver con un mafaldismo

“Después de los ’90 nos quedamos sin lugares con onda dónde ir”

Lisa como adolescente comienza a tomar clases de teatro a los 14 años. A los 16 descubre el centro artístico Parakultural, en el barrio de San Telmo. Entre Batato Barea y las Gambas al Ajillo, comienza a habitar un mundo de arte y libertad que aún hoy late en todo lo que Kerner articula. Cuando las comunicaciones eran analógicas , una Lisa con resaca le dijo a alguien: “Tengo tu teléfono en mi bolsillo y no sé quién sos”. “Soy Enrique Symns”, respondió del otro lado el editor de la icónica revista ‘Cerdos & Peces’. Lisa tenía 19 años. Empezó creando la ilustración para el correo de lectores de la publicación y luego colaboró en algunos números. Esta Mafalda-Lisa-Tarzán es la misma que trabajaba y habitaba boliches hoy emblemáticos de la historia noventosa: La Age, Ave Porco y Morocco. “Lo gay circulaba con una libertad y una euforia total, pero cuando todo eso termina, en el 2000, empieza Brandon. Nos quedamos sin lugares con onda dónde ir”, dice.

De Nebraska a Buenos Aires: amor, visibilidad y respeto

El boca en boca de la noche era el que te contaba qué lugares “eran” y cuáles no. Alguien tenía que pasarte el dato, ni los suplementos ni agendas lo decían a viva voz. Por eso, cuando surgen las primeras actividades y hay que ponerle un nombre a esto no fue solamente ‘Brandon’. No. Era: “Brandon Gay Day”. El nombre Brandon nace en honor a Brandon Teena, un hombre trans estadounidense, asesinado en un crimen de odio en Nebraska en 1993. Su historia inspiró la película Boys Don´t Cry (con la que Hilary Swank ganó un Oscar). Hace 17 años Lisa y Jorgelina, su socia y pareja de ese momento, comenzaron la difusión de la movida. Hablaban de Teena como ‘una lesbiana asesinada’, les faltaba el marco teórico que hoy caminaron. “En ese momento en el que entendíamos poco, hicimos lo mejor que pudimos. Y con un nivel de honestidad brutal, eso me da mucho orgullo para con esa Lisa y esa Jorgelina jóvenes”, cuenta. Con el tiempo y las voces que fue reuniendo Brandon, aprendieron. Siguen aprendiendo y compartiendo. De eso se trata Brandon: amor, visibilidad y respeto. Las actividades comenzaron a realizarse en distintos espacios. Los miércoles estaba el Brandon Gay Day.  Eran tiempos de locutorio con acceso a internet, repartir volantes de ‘entrada a 3 pesos’, de ciclos de cine en otro espacio. Después nació una web para contar de qué se trataba el Brandon Gay Day: fiesta y visibilidad. Llegó el momento de buscar un espacio real y propio, un lugar donde poder bailar pero que además tuviera lo que ellas llamaban ‘salón charlador’. Y cuando las leyes de la Ciudad las dejaron sin el baile, ese salón charlador cobró una magia mutante capaz de unir todo lo que ahí sucedía y “por el poder de los gemelos fantásticos, en forma de ciclo de cine, en forma de bandas en vivo, en forma de editorial de libros, en forma de fanzine, en forma de lo que quieras”, dice Lisa. Casa Brandon, Buenos Aires Brandon es la unión de todas las personas que conoció en este recorrido. En especial con su “gemela fantástica”, Jorgelina De Simone, con la que aún hoy pilotean “la casita”. Brandon -declarada de interés social, cultural y para la promoción y defensa de los derechos humanos por la Legislatura porteña- es también quienes fueron apareciendo en estos 12 años que se cumplieron en mayo.

El tarot Kerner

Hasta el 12 de junio, parte de estos caminos adoptan la forma de ilustraciones en las paredes del Centro Cultural Ricardo Rojas. Lisa dice que nacen sin una idea preconcebida. Es ella, el lienzo y el impulso que materializa. Las primeras pinturas podrían leerse como arcanos de un tarot Kerner, con personajes que detallan su vía crucis. La caminante, la del cadáver exquisito, la de su propio funeral queer, la vacacionante. Todas avanzan hacia la obra más nueva. En la otra pared, una etapa con relieves y texturas se dibuja junto a una Casita Brandon. A veces le duele pero más veces la abraza. Al final hay una Lisa Kerner hecha de líneas similares a las de una huella digital. Por primera vez en todas las piezas tiene la mirada fija en quién esté enfrente. Es Lisa.  Y como siempre, interpela.

El mundo según Lisa

“Hay un recrudecimiento de la violencia machista heteropatriarcal. Por un lado tiene mucha más visibilidad. La pregunta es: ¿ya estaba y no se visibilizaba y ahora que se visibiliza parece que es más? ¿O efectivamente es más y además se visibiliza? Yo creo que es una mezcla de las dos cosas”, dice. Y resalta que vivimos una paradoja, la de estar ante un Estado ausente, que cuando está presente es espantosamente feroz con la mujer. Sobre el movimiento LGBT: “Yo lo veo muy planchado en general, sobre todo a los varones gays. Reivindicar la figura de Carlos Jáuregui, activista LGBT, me parece muy necesario y hermoso, siempre. Pero no los veo involucrados con acciones acompañando, ni siquiera visibilizando las demás causas”.
[LEER MÁS: Carlos Jáuregui, el puto inolvidable]

“Desaparece una identidad trans y no sale en ningún lado”

Se pregunta muchas veces al día: por qué. Por qué “desaparece una piba y retuitean, pero le pasa a una identidad trans y no sale en ningún lado. Y si sale, no lo retuitean. Nadie lo replica, nadie se hace eco. ¿Qué es lo que pasa ahí con esa otredad?” Desde los herbarios de Lisa a la mirada identitaria de la huella digital, esta muestra comparte un recorrido en el que Lisa fue testiga y aprendiz. La falta de empatía, de identificación con la víctima, el abandono hacia el colectivo trans, son parte de su andar y de las preguntas que comparte: “Hay una soledad en ese colectivo que a mí me da vergüenza como persona. Y no soy mejor persona que otrxs, porque yo tampoco me hago carne de esto. Bueno, cuestionémonoslo y cuestionémonos esto como feministas también”. Lisa dice. Lisa hace. Lisa no puede aburrirse. Hasta el 12 de junio están las huellas de su biografía en la muestra ´Todo Liso, mi familia yo-yo’. Más allá de ese día, como hace 12 años, la encontrarán en Casa Brandon, embarcada en alentar propuestas culturales y artivistas. Lisa en vivo, pura Lisa. Casa Brandon queda en Luis María Drago 236, Ciudad de Buenos Aires.  ]]>

6 de junio de 2017

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