Nadie sabe lo que puede un cuerpo: la historia de La Condesa

Laura Dominique Pilleri cumplía condena en una cárcel cuando se convirtió en la primera cordobesa en obtener un DNI que reconocía su identidad de género. Travesti, activista, escritora, estudiante universitaria, trabajadora sexual. Murió en octubre de 2015. Esta instalación en la Universidad Nacional de Córdoba -a la que también se accede por internet- recupera sus memorias y luchas con la consigna: “Nadie sabe lo que puede un cuerpo”.

21 de abril de 2017

Laura Dominique Pilleri cumplía condena cuando se convirtió en la primera cordobesa en una cárcel en obtener su nuevo DNI. Travesti, activista, escritora, estudiante universitaria, trabajadora sexual. Murió en octubre de 2015. Esta instalación en la Universidad Nacional de Córdoba -a la que también se accede por internet- recupera sus memorias y luchas con la consigna: “Nadie sabe lo que puede un cuerpo”.   Por Alexis Oliva, desde Córdoba.  Fotos: Colectivo Salchichón Primavera Laura Dominique Pilleri supo ganarse un título nobiliario tumbero: La Condesa. Fue, entre tantas cosas, pionera de la lucha por los derechos trans en contexto de encierro. Y la primera travesti cordobesa en obtener un DNI con identidad femenina. Fue su pasaporte para el traslado a una cárcel de mujeres. Murió en octubre de 2015, un mes después de salir en libertad. Una instalación interactiva en el Museo de Antropología de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba) recupera la historia de este personaje polifacético. Con la consigna “Nadie sabe lo que puede un cuerpo”, la muestra del Colectivo Salchichón Primavera rescata sus memorias y sus luchas. Un par de botas de caña alta en cuero oscuro, elegante y maltratado es el ícono publicitario convocante. Los integrantes de Salchichón -Laura Zanotti, Pío Longo, Melina Alzogaray, Elena Pollán González y Soledad Crocce-  invitan a caminar por un circuito interactivo los relatos, documentos, entrevistas, objetos y huellas visuales y sonoras de la biografía de Laura Pilleri.

“La Condesa vuelve a azotar Córdoba”

El 29 de octubre de 1961, La Condesa nació en Córdoba como Ricardo Jesús Pilleri. Tenía 6 años cuando sufrió el abandono de su padre. A los doce vivió su iniciación homosexual y a los 15 se cansó de los intentos de “curarlo” y se fue de su casa. Se hizo travesti, stripper itinerante y trabajadora sexual ocasional. En 1988 contrajo el VIH. Entró, salió y volvió a entrar a la cárcel con una condena larga por robo. En 2015, la ley 26.743 permitió que su DNI lleve el nombre que venía usando desde hacía años y su traslado a la prisión de mujeres. Son algunos de los blasones de la Condesa. A su leyenda se suman una jeringa con su sangre blandida ante espantados farmacéuticos, el rumor de que “debía alguna muerte” y su estilo glamoroso y popular. El titular amarillista de un diario ya amarillento acrecentó el lado oscuro del mito: “La Condesa vuelve a azotar Córdoba”. Hoy el Museo de Antropología de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (FFyH-UNC) es el domicilio y soporte institucional de la muestra, a la que se puede acceder por internet en www.la-condesa.com. O desde el hall principal del museo, leyendo con un smartphone los códigos QR dispersos en el mapa de la red cloacal cordobesa trazado en el piso. En esta cartografía los materiales “se funden y se trasladan como un órgano que late y se expande y grita y sigue vivo si alguien decide leerlo. La materialidad es total y efectiva. No hubo selección. Las pertenencias de Laura se dan por completo, sin condiciones, sin pedirles nada a cambio, se agregan al cauce del deseo”.

Ser travesti, una bomba de tiempo

El visitante encontrará 26 cajas numeradas, sin orden establecido, que contienen materiales diversos. Por ejemplo, en la caja 10, el testimonio manuscrito de la protagonista: “La exclusión, marginación, discriminación, prejuicios sociales, morales… no me permitieron poder acceder a la educación media, ni superior. Tampoco al trabajo digno. ¿Cómo subsistir? No me quedaban demasiadas opciones. Terminé (como aún ocurre con personas jóvenes) trabajando de noche, siendo un objeto al cual le pagaban por sus servicios sexuales”. En la caja 26793, su hermana Claudia lee un texto de Laura publicado en la revista Deodoro, de la UNC: “Ya no se llamaba Jesucito, sino La Condesa. Hablar de La Condesa, significaba hablar del travesti más popular de la ciudad, no sólo por lo parecido a una mujer, sino también por las amenazas que sufrían los farmacéuticos de turno, cuando aparecía con una jeringa llena de su sangre, diciendo: ‘Tengo sida. Dame esta lista de remedios o te inyecto’. Entre esa lista, aparentemente de salvación, figuraba la anestesia sólida para preparar una especie de cocaína casera que comercializaba a elevadísimos precios entre sus amigos”. En una entrevista (caja 331, minuto 1.33), Claudia dice: “En aquella época, 35 años atrás, ser travesti era una bomba de tiempo”. [caption id="attachment_2978" align="aligncenter" width="890"] La Condesa, Córdoba.[/caption]

Estudiar en la cárcel

Laura fue a la escuela en la cárcel, tenía 10 en conducta y terminó la secundaria en 2006, siendo escolta. La literatura era su vocación y talento. A través del Programa Universitario en la Cárcel (PUC), cursaba la carrera de Letras Modernas de la UNC, con promedio de 7.20 en sus calificaciones. En 2014 publicó con su hermana el libro de poemas y relatos Cáscara de Naranja. A comienzos de 2015, conoció en un taller a dos integrantes de Salchichón Primavera. La invitaron a emprender la reconstrucción de su propia historia de vida. Para ella sería un trabajo remunerado y parte del propósito era “acompañarla en su proceso de excarcelación”. Presa desde 1997 por un robo a mano armada, cumplió su condena el 14 de septiembre de 2015. Al salir, no estaba enferma. El sábado 17 de octubre, cinco semanas después de recuperar su libertad, murió de un ataque cardíaco. Tenía 53 años. Las bolsas de plástico negro con sus pertenencias y ropa de la cárcel quedaron intactas. Y el proyecto inicial, trunco.

Una activista detrás de las rejas

 “A partir de la muerte de Laura vamos a cambiar para siempre”. Se lee en una de las fichas del proceso creativo, supervisado por el Centro de Investigaciones de la FFyH, contenida en la caja 9. La ausencia de la protagonista puso el trabajo en crisis pero no lo mató. Lo reorientó y disparó preguntas. “¿Cuántas personas mueren después de estar veinte años en la cárcel? ¿Cómo fueron las cinco semanas de Laura en libertad?”. “Cuando conocimos a Laura, pensamos que era un personaje con mucha riqueza para dimensionar cómo en una persona se contiene el mundo entero. Era muy compleja: estaba en la cárcel, era travesti, trabajadora sexual, iba a la facultad, era escritora, portadora de VIH y demás”, cuenta a Presentes Melina Alzogaray, licenciada en Historia y artista audiovisual. Para Elena Pollán González, documentalista y militante feminista española, la Condesa “a pesar de todo lo que tenía en contra, siempre eligió darse toda la libertad que pudo respecto a su identidad y a su forma de vivir, sin importarle ningún cuestionamiento moral”. Su figura “era fuerte porque activaba, desde la cárcel, como travesti. Y tenía contacto con muchas comunidades y organizaciones de los márgenes de una Córdoba, donde muchas de estas identidades están castigadas”.

“Ella era parte de la otra Córdoba”

Quisimos trabajar con una persona que toque esos márgenes y nuestras propias contradicciones –explica Laura Zanotti, artista audiovisual–. Cuando Laura murió, reconstruir su historia era una responsabilidad muy grande y nos preguntamos si seguir o no. Entonces, nos dimos cuenta que ella englobaba la lucha por todos estos derechos”. Pío Longo, guionista y productor audiovisual, recuerda: “Fue un desafío muy grande dejar ir ese primer intento y, al mismo tiempo, no dejar ir a Laura. Nos dimos cuenta, con ayuda de algunas teorías y mucho trabajo con nuestra afectividad, que el duelo podría ser una oportunidad de repensar la potencia de estas vidas precarias y estos cuerpos vulnerables y para construir comunidad política”. -¿Qué representa Laura Dominique Pilleri? MA: Es lo que tratamos de contestar con este trabajo. Entre otras cosas, ella representa la libertad de desear y amar como cada uno sienta, y sin que por eso sea juzgado. PL: Ella era parte de la otra Córdoba. A la par que existe una Córdoba que nos agobia, frustra y tira para abajo, también están la Marcha de la Gorra (contra el código de faltas), la lucha contra Monsanto, las activistas de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina) y algunos sectores de la universidad, fruto de la resistencia cordobesa.

“Incomoda su manera de desear, de amar, de vestirse”

-¿Con qué azota a Córdoba la Condesa? MA: Laura incomoda a Córdoba y por eso la azota. Incomoda su manera de desear, de amar, de vestirse, de decir, su olor, su mirada, sus amigos, su forma de vivir, de caminar por la calle, su elección de trabajo, que sea portadora de VIH. Y que una travesti y puta esté en la universidad también incomoda. EPG: En Córdoba hay una represión muy fuerte hacia las trabajadoras sexuales, y una cuestión con la identidad, que aparece en los femicidios y travesticidios. Más allá de que exista el matrimonio igualitario, es fuerte seguir habitando los lugares como lesbiana, trans, trava. En la calle no sucede lo mismo que en la legalidad. Los cuerpos que no son leídos como mujer y hombre heterosexuales seguimos siendo vulnerados en todos los espacios. La Condesa atraía todo eso y mucho más. Y llevaba esas luchas adentro de las cárceles. PL: Incluso en las pequeñas zonas conservadoras del progresismo y la izquierda, ella azota. Era ladrona, estafaba. Hay una tradición de la izquierda y el progresismo de querer ver sólo ciertos aspectos de las personas. Y Laura era desfachatadamente compleja y contradictoria. LZ: Y además, Laura tenía su Biblia y su estampitas. Nosotras nunca habitamos una cárcel en el sentido de estar presas. Y esas creencias eran su apoyo. Eso forma parte de la Condesa: por un lado la antipureza, pero también la Biblia. Eso la hace humana, la hace carne, personaje y mito, y no la exonera de ser creyente.
Acceso a la muestra vía internet: http://la-condesa.com/
Para visitar la muestra en Córdoba: 
Museo de Antropología de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (FFyH-UNC)
Avenida Hipólito Yrigoyen 174, Córdoba.
De 9 a 17 horas. Entrada libre y gratuita.
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21 de abril de 2017

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