El artista detrás del mural de la estación de subte Carlos Jáuregui

Cuando tenía 15 años, Daniel Arzola sufrió un primer ataque homofóbico: lo quisieron prender fuego y quemaron sus genitales con cigarrillos. Diez años después, este artista venezolano en el exilio se transformó en un activista, fundando la campaña mundial “No soy tu chiste”, que llegó hasta la mismísima Madonna. De paso por Buenos Aires, conversó con Presentes sobre su historia y su “encuentro” con Carlos Jáuregui.

11 de abril de 2017

Cuando tenía 15 años, Daniel Arzola sufrió un primer ataque homofóbico: lo quisieron prender fuego y quemaron sus genitales con cigarrillos. Diez años después, este artista venezolano en el exilio se transformó en activista. Su campaña mundial “No soy tu chiste” llegó hasta Madonna. De paso por Buenos Aires, conversó con Presentes sobre su historia y su “encuentro” con Carlos Jáuregui. Por Lucas Gutiérrez Foto: Benjamín Araneda Daniel Arzola es un venezolano emblema del artivismo: arte + activismo. Haber crecido en un ambiente homófobo que más de una vez lo puso al borde de la muerte, lo llevó a crear su campaña ‘No soy tu chiste’. Con ella levantó la voz para llevar un mensaje de lucha y resistencia a todo el mundo. “Tengo que mandar una botellita, un mensaje, diciendo al mundo ‘yo existí’, porque me van a matar”. Este fue el pensamiento que lo llevó a la acción. Está por cumplir 28 años, lleva los rulos prolijos, la sonrisa siempre amable y los ojos algo cansados que hablan de su historia. Camina por las calles de Buenos Aires tras la inauguración de la estación de subte Carlos Jáuregui de la línea H. Es la primera en el mundo en llevar el nombre de un activista LGBTI. Jáuregui fue un activista pionero en la visibilización del colectivo LGBTI y un mural de Arzola construye la identidad de ese espacio que le rinde homenaje.

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– En América Latina cuando hablamos de referentes gays hablamos de Harvey Milk, ¿por qué no hablamos de Jáuregui? Estoy seguro de que hay otros Jáureguis en otros países de América Latina. Hay que conocer nuestra historia latina y decir: “¿sabes qué? Nuestros referentes no estaban tan al norte”, dice.

“¿Por qué no puedes ser más hombrecito?”

Eso le preguntó la policía cuando a los 15 años una patota intentó prenderlo fuego y le apagó cigarrillos en sus genitales. Este crimen de odio del que fue víctima lo hizo sentir que estaba atrapado en un mundo plano: “Era Daniel Arzola contra los mundos planos”, explica. En las ilustraciones propias y con mensajes urgentes encontró la manera de darle relieve a esa chatura. ‘No soy tu chiste’ lleva el estilo que ya es sello de Arzola. Traducida a distintos idiomas, esta campaña sobre sensibilización de la comunidad LGBT llegó incluso hasta artistas como la cantante Madonna, quien tuiteó su apoyo. Esto le dio una visibilidad, una voz contra la homofobia y lo que el artista estaba viviendo en Venezuela. – En Venezuela existe homofobia de Estado, sistemáticamente el Gobierno utiliza la homosexualidad para atacar a sus adversarios. Arzola recuerda, entre tantos ejemplos, la vez que el  presidente venezolano Nicolás Maduro dijo: “A mí sí me gustan las mujeres” , por televisión abierta. “a partir de eso te validan que si eres homosexual no eres hombre, eres defectuoso. y yo empecé a exponer estas cosas”, explica. Esta visibilidad trajo amenazas. Tenía 24 años y cuatro veces lo habían apuntado con armas de fuego, mientras las intimidaciones seguían aumentando. La organización holandesa Radio Nederland Wereldomroep (RNW) lo invitó al Amsterdam Pride 2014. Allí le decían que la mayoría de las personas de Venezuela con las que habían trabajado estaban presas o muertas. En 15 días Daniel tomó la decisión. Luego de ese viaje ya no volvió a su país. “Oscar Wilde decía que tú puedes pasar mucho tiempo sin vivir la vida y de repente la vida se concentra en un instante. Para mí estos últimos tres años han sido mi instante, morirse y volver a nacer. Tienes que volver a aprender a hablar, a comunicarte con las personas, a caminar porque no tienes idea de dónde estás parado, siento a veces que tengo tres años de vida.”

El exilio LGBT

La organización RNW ayuda a relocalizar a aquellas personas perseguidas por su orientación sexual o identidad de género. Y Daniel Arzola eligió Buenos Aires. Conocía gente y un amor lo trajo al sur. Pero la relación duró un mes, y se encontró “en el exilio y con el corazón roto”. Cuando su compañero de casa se quedó con sus pertenencias, Daniel bajó a una plaza a llorar, abrió la aplicación de contactos Grindr y conoció a un policía que se ofreció para ayudarlo a recuperar las cosas. Luego de un año, hoy vive en Chile.
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-¿Cómo es ser un exiliado LGBT? -Yo no me pienso de esa manera, soy más bien una intersección. Además de pertenecer a la minoría gay, tengo un nivel de autismo diagnosticado que se llama Asperger. Son cosas que se cruzan constantemente. Toda mi vida me sentí un extraterrestre, entonces qué le hace una raya más a la cebra. Prefiero invertir mi tiempo en las personas que se solidarizan conmigo y que encuentran belleza en mi diferencia, en mi acento, en mi comida, en esa clase de cosas. Pero de algo estoy seguro, no creo en las patrias. Creo que la patria es uno, tu corazón y tus amigos. No creo que sea un extracto y un dios imaginario al que haya que venerar.

Un encuentro con Jáuregui

En una de esas tardes tristes, caminando por el barrio porteño de Abasto se encontró una foto pegada en una pared. En ella había un “tipito con lentes y franelilla” que le pareció muy guapo. “Se me hacía como un actor porno”. Abajo decía un nombre que luego googleó “Jáuregui. Así se conocieron. Daniel dice que sintió que estaba mirando a un rockstar. Ni bien se enteró de la propuesta para la estación comenzó a bocetar y contactó a los responsables.“Les dije que la campaña que estaban haciendo era feísima: ‘Este Jauregui es moderno, muéstrenlo vivo, no lo muestren muerto, lejano, porque lo que el tipo soñó es lo que estamos viviendo en este momento. Muéstrenlo como si estuviese acá hoy’. Eso es lo que quise transmitir con el dibujo.” Hoy el mural de 14 metros está en la estación Santa Fe/Carlos Jáuregui, a la vista de miles de personas que pasan, lo ven y los descubren y quizás también busquen su nombre en internet. “Es un favor que estoy devolviendo”, dice Arzola.
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-Un hetero se puede reconocer con miles de personas pero a una niña trans o un niño queer le cuesta más. Para mí esto es decirles a los niños y las niñas: ‘¿sabes qué? Existe gente como tú, puedes ser como cualquiera de estos personajes de grande, tener familia, ser feliz, disfrutar, sentirte orgulloso de quien eres’, es muy importante reconocerse.

Las heridas abiertas de Daniel Arzola

“Venezuela se ha vuelto una cárcel para mí”, dice. Desde noviembre está esperando su pasaporte, sin él las exposiciones que tiene planificadas se caerían. Y por más cartas, mails y reclamos que envía, todavía no hay respuesta. “Extraño a mis personas que están allá, porque lamentablemente no voy a poder extrañar un sitio que me hizo tanto daño”, dice Daniel. Así es la vida de Daniel, como un corazón que hace diástole y sístole, que de pronto se llena y luego se vacía. “Estoy solo en otro país, trabajo mucho porque siento que si no voy a terminar en la calle”, dice que le cuesta parar y disfrutar. Y sigue haciendo. Daniel no para: “el mundo no puede quedarse dormido en la libertad porque te despiertas preso”, remata.
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11 de abril de 2017

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