Modarelli: “La aventura marica latinoamericana está en peligro”

Victor Hugo Robles estuvo con el escritor argentino en Santiago de Chile y le hizo cinco preguntas en el marco de la presentación de su libro "La noche del mundo".

17 de enero de 2017
“La aventura marica latinoamericana está en peligro”, advierte Alejandro Modarelli analizando el mapa de las luchas de la disidencia sexual después de las repentinas muertes de Pedro Lemebel, Diana Sacayán y Lohana Berkins. De visita en Santiago de Chile, deseando rendir justo tributo al reconocido cronista chileno, Modarelli, periodista, escritor y guionista argentino, presenta este jueves 19 de enero en Santiago su último libro titulado “La Noche del Mundo”, crónicas sodomíticas de fines de siglo que el autor publicó en 2016 con editorial Mansalva y que dedicó a su Lemebel, su “madre nodriza”. “A la memoria de Pedro Lemebel, señora de pobla en su trinchera”, arranca este barroco “brumario de maricas” como le llama el mismo Alejandro Modarelli. Presentes estuvo con el escritor en Santiago de Chile y le hizo cinco preguntas.

Por Víctor Hugo Robles

1.- Regresas a Chile después de dos años de la muerte de Pedro Lemebel para presentar “La Noche del Mundo” donde relatas tu casi muerte en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. ¿Este nuevo libro tuyo busca exorcizar tu propia casi muerte?

– Hace poco más de tres años estuve diez días en coma a raíz de un suceso respiratorio durante un vuelo entre Bogotá y Buenos Aires. El avión aterrizó de urgencia en Santa Cruz de la Sierra, en el llano boliviano, donde la muerte dudó si llevarme o poner mi cuerpo en suspenso. En esas jornadas en las que mi vida dependía de un pulmotor soñé rigurosamente. Una suma de experiencias más poderosas que cualquier ficción. Incluso algunas muy calientes, porque Eros no te abandona ni cuando estás cagado. En uno de esos sueños viajé a Santiago a encontrarme con quien sentía mi nodriza literaria, Pedro Lemebel, un proyecto que me faltaba coordinar con él. El Santiago con el que me encontré nada tenía que ver con ese que finalmente conocí en 2014. Mi Santiago de sueños era como de un film noir, en blanco y negro, cercano a las imágenes del bombardeo a La Moneda y, por qué no, a la memoria de los tiempos más revoltosos de Pedro, quien dice si no el del chongo  revolucionario de “Tengo Miedo Torero”. Santiago era el escenario de una pasión política por modificar el curso de la historia, la esquina trágica donde las despedidas se creían para siempre. “La Noche del Mundo” es la manera que encontré de soltarme de ese demonio gozoso que me tenía encerrado en su alcoba como a una princesa melancólica e infértil y ya me sentía con ganas de buscarme otro palenque donde atarme. ¿Qué hacer después de haber recibido la extremaunción? Pues convertir el agua bendita en lluvia dorada o en un baño de esperma. Hay una escena en “Pompas Fúnebres”, de Jean Genet, donde la viuda se retrasa en el cortejo del sepelio para frotarse con un hombre. No lo considero de mal gusto, sino más bien una obligación moral para con la vida. “La Noche del Mundo” concluye con una resurrección de la carne. Creo que a Pedro le hubiera gustado. Lo presentamos el próximo 19 de enero en el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago, acompañado de queridas amigas locas de Lemebel.

2.- ¿Cómo recuerdas aquel primer encuentro en Santiago de Chile en el departamento de Pedro Lemebel? ¿Era un Lemebel amigo cómplice o el personaje – escritor apocalíptico que tanto habías leído? ¿Te sientes más cerca de esa escritura lemebeliana o más aliada de otros referentes como Puig?

– Cuando llegué al departamento de Pedro Lemebel, en Bellas Artes, donde había organizado una reunión para conocernos, me puse nervioso; era lógico: por un lado debía tramitar internamente la admiración, que de un modo o de otro genera distancia, y también la leyenda que corría en Buenos Aires de las reacciones chifladas de la diva de población. No había llegado todavía nadie más y la loca estaba inquieta y consciente de lo difícil que era entenderla, por el cáncer de laringe que la había dejado con una voz en off, como salida de una cueva. Enseguida llegaron las otras colas, la Jaime Lepé, tú mismo Víctor Hugo y algún demonio amoroso bajó a esa casa. Entre el primer momento y el último de esa noche nacieron amistades poderosas, tanto que conformamos parte de un grupo que acompañó a Pedro en sus días de agonía y en la última cena del 31 de diciembre de 2014. Creo que Pedro sintió que yo no era un vampiro (me confesó que le había encantado mi libro anterior “Rosa Prepucio”) sino más bien -me dijo- un cactus de terciopelo. Éramos aliados en el submundo en el que los dos nos sentíamos verdaderamente vivos y en peligro, y hermanados en un barroco cerdo donde hasta la mierda podía esplender si el culo de donde salía es el de una loca hambrienta de sexo. En ese sentido digamos que en “La Noche del Mundo” hay más Lemebel que Puig. Me parece que Puig, cuya influencia se puede rastrear en algunos monólogos del libro, tenía un estilo que no era de barricada. De todos modos, supongo que Puig también sobrevoló “Tengo Miedo Torero”.

3.- A la muerte de Pedro Lemebel se sumó las partidas de Diana Sacayán y Lohana Berkins en Argentina. ¿Cuánto ha perdido el movimiento de la disidencia sexual latinoamericana sin las letras locas y las luchas políticas travestis de tan importantes e inolvidables referentes?

Estos años han sido de muertes de personajes inmensos y no hay relevo. La aventura marica latinoamericana está en peligro. Se busca borrar la memoria de las luchas en común con otros desposeídos jurídicos. Deberíamos persistir contra las políticas de exterminio solapado del neoliberalismo, donde de pronto la ciudad se puebla en forma simultánea y obscena de bellas maricas de Mall y de indigentes que vitrinean lo imposible. Siento que en mi país las mujeres del pueblo tienen menos derechos que los maricones, porque no pueden disponer de su vientre, no pueden pagar un abortero clandestino seguro. Y desde ya que no incluyo en esta crítica a las travestis, con las que siempre la democracia liberal estará en deuda. No existe relevo. Lohana y Diana fueron las pasionarias de un movimiento travesti que, sin dudarlo, es el más politizado de América Latina. Quizá porque hubo que defenderse de las obsesiones policiales locales más que en ningún otro lado. La aventura marica latinoamericana, con tanta partida de dirigentas y monstruos hermosos, está en peligro. Ojalá todas ellas, Pedro, Diana y Lohana, estén armando un quilombo en nuestro cielo particular.

4.- La lucha de la diversidad sexual en Argentina ha sido siempre un estímulo y un camino para las propias batallas del movimiento homosexual chileno. El Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de Género son dos importantes ejemplos. ¿La llegada de Mauricio Macri al poder y el vaciamiento de las conquistas legales y culturales de la diversidad sexual argentina han significado un retroceso en esas conquistas?

No creo que Macri implemente políticas específicas en contra del movimiento lgtbi. No precisa ponerse pesado, y hasta los raros le podemos servir como guirnaldas a su festín de pocos. Irán perdiendo, sí, fuerza determinados programas sociales que representen un gasto porque estamos dominados por la ceocracia (gobiernos de empresarios), y lo que importa es el libro del debe y haber. Macri tiene sus maricones aliados y los ha incorporado a la nomenclatura burocrática, hasta hay una trans de origen aristocrático funcionaria nada menos que del Ministerio de Seguridad, que ha llegado a ponerse pesada con los modos de subsistencia de trans que no tuvieron su suerte. O sea, para responder, creo que quienes sufrirán con mayor rigor estos años habrán de ser las travestis pobres, porque la ley de cupo laboral promulgada para quienes buscan salirse de la prostitución es un asunto que el neoliberalismo meritocrático repele. El cupo es una carga para este gobierno y no una manera  auspiciosa de incluir en el mercado laboral a minorías empujadas a la supervivencia callejera. Macri cree que la prostitución es una condición urbana que hasta puede ser pintoresca, algo así comentó hace años. Una idea de machirulo, como esa que se le soltó de la lengua cuica de que no existe mujer a la que le disguste en el fondo que le digan que tiene lindo culo.

5.- ¿Cómo deseas que “La Última Noche del Mundo” sea leída en Chile, cómo una añoranza del cuerpo homosexual encarnado en las locas que todavía desafían el sistema o como una crítica política al modelo gay neoliberal igualitario e higienizante?

Es que debo confesar, y lo digo con pasión, que después de mucho volví a escribir literatura -en ese género que se corresponde a este tiempo fractal e inestable: la crónica- gracias a Pedro Lemebel. En sus tópicos de marica callejera y protestona, y en el estilo esplendente del barroco me fui descubriendo como escritor. Digamos que el estilo es el efecto inconsciente e inconsistente de un cruce de influencias, la mayoría de las veces sucesivas, y en ese estilo, en los materiales que fui eligiendo están Monsiváis, Puig, Perlongher. Es decir aquellos referentes que si bien fueron testigos de un cambio del modo de vivir la homosexualidad, se encontraron incómodos bajo el nuevo régimen de clones con aspiraciones burguesas, propios de la economía Chueca o Bellas Artes, en una época en la cual el saludo a la integración (bienvenidos los derechos civiles) se contamina con una desazón por la riqueza intelectual y transformadora que se pierde. La obsesión de ellos, que es también la mía, fue unirse a la fe de que debe existir un fundamento revulsivo en nuestra diferencia, algo más rico que ofrecer al devenir de la historia que el matrimonio igualizante. Hablo del asimilacionismo bobo. Que significa una pérdida de la identidad de paria con conciencia: no somos iguales. Yo incluso prefiero pertenecer a la aristocracia de la perversión antes que a la vulgaridad de un baby boom rubio cola con tarjeta de crédito familiar.

17 de enero de 2017

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