Le prohibieron entrar a un boliche porque su pelo no era “femenino”

Hoy la joven radicó la denuncia en la Defensoría LGBT de la Ciudad de Buenos Aires. “Está bueno ponerle un freno y no naturalizarlo”, dijo. Un mapa confeccionado por el INADI reveló que los boliches son los espacios donde las personas se sienten más discriminadas.   Paula Cáceres es de Tierra del Fuego y vive…

14 de diciembre de 2016

Hoy la joven radicó la denuncia en la Defensoría LGBT de la Ciudad de Buenos Aires. “Está bueno ponerle un freno y no naturalizarlo”, dijo. Un mapa confeccionado por el INADI reveló que los boliches son los espacios donde las personas se sienten más discriminadas.   Paula Cáceres es de Tierra del Fuego y vive en Buenos Aires desde hace cinco años. La noche del sábado 10 de diciembre, esta estudiante de Ciencia Política de 22 años decidió ir a bailar con su grupo de amigxs a Jannoy, un boliche de Palermo que funciona como punto de encuentro para chicxs del interior de Argentina. Paula no suele ir a boliches que no sean gays o queers, dice que no se siente cómoda. Pero esa noche había accedido: era el cumpleaños de una amiga y con otro grupo de fueguinxs se habían anotado en una lista para entrar. Mientras esperaban en la puerta, el guardia de seguridad miró a Paula y le dijo a su amiga: – No puede entrar con el pelo así – ¿Así cómo? – Así, con la rasta. Tiene que tener un pelo más normal. – ¿Cómo? –  Así, largo, femenino, como vos- respondió el hombre de seguridad. La amiga de Paula empezó a protestar. Al final, no dejaron entrar a ningunx. “Yo me bloqueé. No pude decir nada. No quería que se armara quilombo porque sentía que estaba generando un obstáculo para mis amigos. Me sentía excluida por ser distinta. Sentía que ya había cumplido mi obligación de género por ir vestida como te suelen exigir en esos lugares, pero el pelo no me lo puedo cambiar. Si estoy rapada. ¿Qué voy a hacer? ¿Salir de peluca?”, dijo Paula a Presentes. “Es algo que es muy común que pase, pero no por eso deberíamos naturalizarlo”, agregó. Cuando llegó a su casa esa madrugada, Paula escribió un descargo en su página de Facebook y en la página de Facebook del boliche, donde se multiplicaron las quejas y reclamos de otrxs jóvenes.   captura-de-pantalla-2016-12-13-a-las-14-47-21 captura-de-pantalla-2016-12-13-a-las-14-49-05   Hoy radicó una denuncia en la Defensoría LGBT de la Ciudad de Buenos Aires.  Se trata de un espacio creado desde la FALGBT (Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans) en convenio con la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, en noviembre de 2014. Desde entonces, recepciona denuncias, las deriva al organismo que corresponda y les da un seguimiento. En este caso, la denuncia de Paula se enviará al INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo). “También trabajamos como espacio de contención para que no haya revictimización, porque la persona no puede andar pululando de institución en institución”, explicó a Presentes Flavia Massenzio, coordinadora de la Defensoría LGBT. “Dependiendo de dónde haya ocurrido el hecho, articulamos con la Defensoría del Pueblo de la Ciudad o de Nación. Además, en la Ciudad de Buenos Aires, desde el 2015 rige la Ley contra la Discriminación. Si bien no establece sanciones en lo penal, puede establecer un resarcimiento. Funciona como un marco legal para apoyarse. A esto se suma que en Ciudad de Buenos Aires, el artículo 65 del Código Contravencional de Faltas tipifica la discriminación como una contravención”, agregó Massenzio desde la Defensoría LGBT, que hoy forma parte del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de CABA, creado este año.

Los boliches, los que más discriminan

El Mapa de la Discriminación que elabora el INADI revela que los boliches bailables son de los espacios donde las personas se han sentido más discriminadas. El 78% de las personas encuestadas dijeron sufrir “mucha” o “bastante” discriminación en estos locales. Fuentes del INADI expresaron a Presentes que esto sucede porque los locales se amparan en el mal interpretado “derecho de admisión”. “En la ley, el derecho de admisión solo puede utilizarse cuando esté en riesgo la seguridad de las personas, por portación de armas y otro tipo de delitos graves. Los boliches suelen comportarse como un particular privado cuando, en realidad, son espacios públicos”, agregaron. Paula, que está por recibir su Diplomatura en gestión de organizaciones con perspectiva de género, en el Museo Evita,  sabe que esto que le pasó a ella se repite en boliches y espacios públicos. Por eso insiste: “No es que yo me crea la gran víctima ni nada de eso, sólo que está bueno ponerle un freno y que no siga pasando”.

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